
En días pasados, una conocida orquesta de espectáculos musicales, establecida al norte del Perú, hizo una presentación en instalaciones que se encuentran en nuestro distrito capitalino de Chorrillos, donde se ubican cuarteles militares, la residencia del Comandante General del Ejército, escuelas de cadetes de nuestras Fuerzas Armadas, el Centro de Estudios Nacionales (CAEN), antes Centro de Estudios Militares (CAEM), así como villas domiciliarias de militares destacados en Lima y sus familias, entre otras instalaciones castrenses.
Esas instalaciones, donde se realizaba el espectáculo musical, se supone que contarían con medidas de seguridad altamente satisfactorias; sin embargo, no lo fueron. En efecto, algunas personas asistentes al espectáculo habían ingresado al mismo con armas de fuego, que dispararon contra los artistas que presentaban el espectáculo musical, resultando varios heridos entre ellos, felizmente sin vidas que lamentar.
Las personas que han conocido la triste noticia se encuentran perplejas, pues no pueden entender que el atentado se haya producido en lo que se supone es el barrio más resguardado del país y, si ello sucede dentro de instalaciones castrenses —así sean de viviendas y escuelas— no dejan de ser castrenses, y alojan —como antes hemos advertido— nada menos que a la primera autoridad de nuestro Ejército, como es su Comandante General en ejercicio.
El penoso suceso no debería repetirse nunca más, no solo por la ubicación en que se realizó, sino porque podría producirse en otros espectáculos similares o no, que pudieran realizarse en cualquier establecimiento especializado para ello.
Por eso se hace indispensable que, en los establecimientos de espectáculos especiales y con aforo importante, se coloquen al ingreso del público y de otros concurrentes detectores de metales, que puedan identificar armas de fuego para impedir su ingreso y así evitar actos de sangre que bien podrían omitirse con un poco de prevención, en la que se supone son expertas nuestras Fuerzas Armadas. Se debe emitir la norma legal que obligue la colocación de tales detectores.
Recordemos la conocida frase “La confianza mató a Palomino”, de la autoría de Mario Vargas Llosa en su novela La confianza mató a Palomino Molero. Nuestras Fuerzas Armadas y Policiales, por propia necesidad de autoprotección y de protección a los civiles que les son asignados para su custodia y protección, tienen que ser necesaria e indispensablemente desconfiadas.
Nunca lo olvidemos, y mucho menos los integrantes de aquellas fuerzas que están preparados para emboscadas, asaltos y muchísimas otras contingencias de seguridad. Si hay siniestros es porque hubo descuido, lo que se llama negligencia y, tratándose de Fuerzas Armadas y Policía Nacional, ello es tan inexcusable como imperdonable. ¡Téngase bien presente!
(*) Expresidente del Consejo de Ministros.
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