Opinión

El valor económico y social del sector agroexportador

Por: Fernando Cillóniz Benavides

Los lectores de La Noticia saben que soy “pro-agricultura” peruana y, en particular, un convencido de la competitividad y del gran aporte económico y social de la agricultura exportadora de frutas y hortalizas de nuestro país. Además, estoy involucrado en el negocio agroexportador a través de una empresa productora y exportadora de uvas de mesa en Ica.

Soy un hombre de campo desde que nací. Incluso, de joven fui amansador de mulas, lo que me dio facilidad para tratar con personas tercas. Los lectores también saben de los “antiagricultura empresarial” del país: políticos, académicos y periodistas que critican a las empresas agroexportadoras, acusándolas de explotadoras, esclavizadoras, mercantilistas, evasoras de impuestos, ladronas de agua y empobrecedoras.

¿A quién creer? Para discernir, lo mejor es recurrir a personajes de renombre que, sin ser expertos en producción agrícola, conocen los efectos económicos y sociales del sector agroexportador.

Eso es lo que haré en este artículo, recurriendo a dos destacados economistas peruanos: Luis Carranza Ugarte, expresidente del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y exministro del MEF, y Diego Macera Poli, director del Instituto Peruano de Economía (IPE) y del Banco Central de Reserva del Perú (BCR).

En el Simposio del Agro Peruano (SIAGRO 2025), Carranza concluyó que en las últimas dos décadas la agroexportación se ha convertido en uno de los motores más importantes del desarrollo peruano.

Señaló que el sector genera más de 3 millones de empleos directos e indirectos, que el Perú es el mayor productor mundial de arándanos y uvas, y que ostenta el mayor crecimiento agroexportador en América Latina y el Caribe. Destacó las externalidades positivas en otros sectores, la migración de zonas altoandinas pobres hacia ciudades intermedias, la mejora en educación y salud a menores costos y el efecto multiplicador de la demanda interna. Subrayó la necesidad de retomar la agenda de competitividad mediante proyectos de irrigación de más de 500 mil hectáreas, lo que permitiría un crecimiento cercano al 200% y la generación de más de 6 millones de empleos nuevos.

El 3 de marzo pasado, Macera afirmó que el agro es clave para el dinamismo económico y del empleo. Indicó que las agroexportaciones alcanzaron los 12 mil millones de dólares en 2024 y rozaron los 15 mil millones en 2025, contribuyendo al bienestar de la población.

Señaló que la pobreza de los hogares agrícolas converge hacia las tasas nacionales, lo que implica una reducción más rápida de la pobreza rural que de la urbana. Destacó que la agroindustria refleja los frutos de la inversión sobre el bienestar, que el empleo formal dependiente en el sector crece cuatro veces más que la población en edad de trabajar, y que en 2025 el agro fue la actividad con mayor crecimiento porcentual en planilla. Advirtió que el Fenómeno El Niño podría impactar la producción, pero resaltó que la agroexportación lideró el crecimiento del sector y que su despegue es una de las grandes historias de éxito de la economía nacional.

No se necesita ser experto en fisiología vegetal o fertirriego para reconocer el valor económico y social del sector agroexportador, solo objetividad. Sin embargo, la corriente antiagricultura empresarial carece de ella y se guía por ideología, complejos y resentimientos. Después de escuchar a Carranza y Macera, mi conclusión es clara: el agroexportador peruano es un motor de desarrollo y bienestar.

(*) Exgobernador regional de Ica

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