
EE.UU. aprobó, a solicitud del gobierno peruano, un acuerdo de 1,500 millones de dólares para modernizar la Base Naval del Callao a cargo del Cuerpo de Ingeniería Militar de los EEUU; por otro lado, la Industria Naval peruana invierte 450 millones de dólares a través del SIMA (Servicios Industriales de la Marina) para ampliar el Dique Seco de la Base Naval, para capacidades de buques Post Panamá, en este caso con Corea del Sur, que tambien incluye proyectos de construcción de navíos con plataformas modernas y submarinos de avanzada tecnología, paralelamente a los proyectos de compra de vehículos blindados del Ejército y 3,5000 millones para la modernización de nuestra Fuerza Aérea.
Esta circunstancia constituye evidencia de una cooperación estratégica histórica que posiciona a Perú como una poetencia marítima regional, sustentada en una sólida estructura de Defensa Nacional.
EEUU destaca que “mejorará la seguridad de un socio importante que es una fuerza para la estabilidad política, la paz y el progreso económico en Sudamérica”. Además, Lima y Washington han coordinado agendas de seguridad: el canciller peruano Hugo de Zela y el secretario de Estado Marco Rubio acordaron intensificar la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico. El nuevo embajador estadounidense, Bernie Navarro, subraya la intención de consolidar “una alianza sólida y de largo plazo” con Perú.
En el tablero global, China y Rusia son los otros actores relevantes en la región, pero ninguno tiene capacidad real para ofrecer al Perú garantías de seguridad y estabilidad comparables al diseño estadounidense. Pekín financió en 2024 un megapuerto comercial de Chancay reforzando su influencia económica, y Rusia que por su parte, mantiene una postura más simbólica, han venido concentrando su influencia regional sobre sus alianzas con régimenes regionales estrechamente vinculados al crimen organizado trasnacional y la corrupción como herramienta de desestabilización económica y política en el hemisferio, sobre lo cual EEUU no solo ya ha tomado acción militar con la captura de Maduro, sino que advierte directamente a las potencias extra continentales sobre sus estructruras de influencias relacionadas con el crimen y la corrupción en el Hemisferio.
Mientras Brasil tiene a China como su principal socio comercial y coquetea con los BRICS, deja un amplio espacio para que Perú sea el aliado militar privilegiado de Washington en Sudamérica. De hecho, EE.UU. ha propuesto convertir a Perú en “Aliado Principal No Miembro de la OTAN”, apostando por una “relación sólida” bilateral y adelantando ventajas como licencias preferenciales de tecnología espacial y proyectos conjuntos de defensa y seguro pronto beneficios comerciales.
Así, Perú encuentra en EE.UU. la posibilidad de tener socio militar más fiable, situación sumamente privilegiada en un mundo en pleno conflicto geopolítico.
(*) Exdirector Nacional de Inteligencia (DINI)

