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El trabajo presencial ya no significa lo mismo para todos

Mientras el 38% de los baby boomers prefiere trabajar de manera completamente presencial, esta opción cae al 15% entre los millennials y al 14% en la generación Z

La vuelta a la oficina avanza, pero no todos están regresando por las mismas razones. Compartir un espacio de trabajo puede significar rutina y contacto directo para algunos profesionales; para otros, una oportunidad de aprender, encontrarse con sus equipos, construir relaciones o desarrollar tareas que ganan valor cuando se hacen de manera presencial.

Esta diferencia cobra especial relevancia en un mercado laboral en el que conviven hasta cuatro generaciones y donde las expectativas sobre la forma de trabajar se han diversificado. El estudio IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral, elaborado por WeWork y Michael Page a partir de más de 5.000 encuestas y 150 entrevistas en países de la región, revela que el 48% de los trabajadores ya se encuentra en un esquema completamente presencial, mientras que el 35% trabaja bajo un modelo híbrido y solo el 9% lo hace de manera totalmente remota.

Sin embargo, cuando se pregunta por el modelo que los trabajadores prefieren, el panorama cambia: el 54% opta por combinar jornadas remotas con días de trabajo presencial. Entre quienes eligen un esquema híbrido, el 55% preferiría acudir a la oficina entre uno y dos días por semana.

Una misma oficina, expectativas diferentes
Las diferencias generacionales ayudan a entender esta transformación. De acuerdo con el mismo estudio, los baby boomers son el grupo con mayor preferencia por un esquema completamente presencial, con 38%. En contraste, esta opción es elegida por apenas el 15% de los millennials y el 14% de los integrantes de la generación Z.

Pero una menor preferencia por la presencialidad total no significa necesariamente un rechazo a la oficina. Para las generaciones más jóvenes, el espacio físico compite con otros lugares desde los cuales pueden realizar tareas individuales y, por lo tanto, necesita ofrecer algo adicional: interacción con colegas, intercambio de ideas, aprendizaje, construcción de vínculos y experiencias que resultan más difíciles de reproducir a distancia.

En ese escenario, el debate deja de centrarse exclusivamente en el número de días presenciales y empieza a trasladarse hacia la calidad de esos días. “Durante mucho tiempo pensamos la oficina como el lugar al que había que ir para trabajar. Hoy su valor está cambiando: es también el espacio donde los equipos se encuentran, intercambian conocimiento y construyen cultura. Y ese valor puede ser distinto dependiendo de la etapa profesional y de las necesidades de cada persona”, señala Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica.

La propia generación Z muestra esa aparente paradoja. Aunque presenta una baja preferencia por esquemas completamente presenciales, investigaciones internacionales muestran que también es la generación menos inclinada al trabajo exclusivamente remoto y encuentra valor en modelos que le permiten combinar flexibilidad con interacción cara a cara.

Del regreso obligatorio a la presencialidad con propósito
El cambio también plantea un reto para las empresas. Una política uniforme puede reunir físicamente a los trabajadores, pero no necesariamente generar colaboración, pertenencia o productividad. Para que la presencialidad aporte valor, los espacios y las dinámicas deben responder a distintos momentos del trabajo: concentración individual, reuniones, intercambio entre equipos, aprendizaje o socialización.

El estudio de WeWork y Michael Page muestra que la integración del equipo, la comunicación directa y el fortalecimiento de las relaciones interpersonales se encuentran entre los principales beneficios que los profesionales reconocen en la presencialidad. Al mismo tiempo, el 31% afirma que no consideraría una oferta laboral que no incluyera alguna opción de trabajo remoto.

Así, más que el retorno definitivo de un único modelo, el mercado laboral parece avanzar hacia esquemas en los que presencialidad y flexibilidad dejan de ser conceptos opuestos. La oficina sigue teniendo un papel relevante, pero su función evoluciona: deja de ser simplemente el lugar donde transcurre la jornada para convertirse en un punto de encuentro que debe justificar el desplazamiento y aportar valor a una fuerza laboral cada vez más diversa.

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