UTEC y Vania Masías exploran la energía del movimiento humano a través de la danza

Cada vez que caminamos, bailamos o movemos un brazo, nuestro cuerpo produce energía mecánica. Hoy, distintos laboratorios del mundo exploran cómo capturar el movimiento y las señales del cuerpo para desarrollar nuevas tecnologías, desde robots capaces de interpretar gestos humanos hasta dispositivos que buscan aprovechar la energía generada por el propio cuerpo.
En ese contexto, UTEC y Vania Masías realizaron en Perú una primera prueba para medir la energía mecánica producida por bailarines durante una presentación profesional de danza. La iniciativa surgió a partir de una propuesta de Blueprint, que conectó la investigación tecnológica de UTEC con el universo artístico de Vania Masías: una oportunidad para poner una tecnología desarrollada para estudiar el movimiento frente a uno de los escenarios donde el cuerpo humano se expresa con mayor intensidad y complejidad.
“La oportunidad apareció cuando decidimos mirar más allá de nuestro entorno; siempre pienso cómo cada cosa que hacemos puede impactar expansivamente y hacia dónde puede llevarnos. El cuerpo no solo genera energía interna. Conocer de anatomía y de movimiento puede ayudarnos a entender el potencial enorme que tenemos no solo adentro, sino en lo que proyectamos —también físicamente”, explica Vania Masías, Directora de D1.

“Hace 5 años venimos trabajando con proyectos culturales y vemos cómo se están mezclando cada vez más con la tecnología en todo el mundo. En una conversación con Vania nos preguntábamos qué podía pasar si empezábamos a hermanarnos con otras disciplinas. Y ahí apareció una pregunta: ¿qué pasa si empezamos a mirar el cuerpo desde otra dimensión, no solamente desde el movimiento que vemos, sino desde la energía que ese movimiento produce?”, explica Alexis Solano, Director de Blueprint, la agencia que abrió la colaboración.
“Por eso contactamos a UTEC: queríamos convertir esa pregunta en algo concreto y diseñar un primer acercamiento —en vivo— que nos permitiera medir esa energía. Este ejercicio no pretende tener todas las respuestas. Busca generar un punto de partida que permita a otras instituciones, investigadores o industrias hacerse nuevas preguntas sobre la energía que produce el cuerpo humano”, añadió.
El escenario como lugar de prueba
Así nació la colaboración entre UTEC y Vania Masías Espectáculos, que llevó la tecnología desarrollada por UTEC para registrar y analizar el movimiento humano, al escenario de Mezcla, un espectáculo creado por Vania Masías.
La particularidad de la prueba fue precisamente salir del ambiente tradicional controlado. El lugar de prueba era el escenario: mientras los bailarines interpretaban la coreografía frente al público, la tecnología registraba el movimiento de sus cuerpos en condiciones reales de performance. Por primera vez, fueron utilizados sensores durante una presentación profesional de danza para medir y analizar la energía mecánica producida por los movimientos de los bailarines. En este proyecto participaron tanto profesores como alumnos de la Universidad.
La tecnología está compuesta por cuatro sensores inerciales IMU ubicados en ambos antebrazos y ambas piernas. Estos sensores registran el movimiento de cada segmento corporal y transmiten la información para su posterior análisis.
Durante la medición realizada en Mezcla, se registraron más de 157 mil muestras durante 6 minutos y 31,77 segundos de actividad efectiva. Los datos permitieron analizar variables asociadas al movimiento, entre ellas la velocidad, la energía mecánica estimada y la potencia desarrollada por los segmentos monitoreados.
¿Cuánta energía produce un cuerpo cuando se mueve?
Los primeros resultados mostraron que la energía no se distribuye de manera uniforme durante una coreografía. Se identificaron variaciones en los niveles de energía y potencia, así como una mayor participación de las piernas respecto de los antebrazos.
Uno de los momentos de mayor concentración energética se produjo durante el primer minuto de la medición, periodo en el que se concentró aproximadamente el 75,5 % de la energía estimada de los cuatro segmentos monitoreados.
En total, se estimaron 1.167 J de energía mecánica asociada al movimiento de los segmentos analizados, con una potencia promedio de 2,09 W y un pico máximo de 126,93 W; es decir, el cuerpo humano llegó a producir, durante determinados momentos del movimiento, una potencia mecánica superior a la necesaria para encender un foco doméstico de 100 W.
Más allá de estas cifras, esta prueba permitió hacer visible una dimensión del movimiento que normalmente no podemos observar: cómo cambia la energía del cuerpo mientras se mueve. La danza dejó así de ser solamente algo que el público observa y se convirtió también en una fuente de información científica sobre el comportamiento energético del cuerpo humano.
Medir es el primer paso
Este primer acercamiento no busca afirmar que la energía producida por el cuerpo pueda sustituir las fuentes tradicionales de electricidad. Busca algo más fundamental: comenzar a medirla para entender qué posibilidades puede abrir.
Conocer cómo se produce y distribuye la energía del movimiento humano en condiciones reales puede contribuir, a futuro, a nuevas investigaciones y aplicaciones relacionadas con la biomecánica, la tecnología wearable, la salud, los dispositivos electrónicos y otras formas de interacción entre humanos y máquinas.
Por eso, Mezcla no fue solamente el lugar donde se realizó una medición. Fue una experiencia en vivo: un espacio donde el arte permitió llevar una tecnología desarrollada desde la ingeniería a uno de los escenarios más complejos para estudiar el movimiento, un cuerpo humano moviéndose dentro de una coreografía real, reaccionando, acelerando y transformando energía en tiempo real.
Este primer acercamiento no busca tener todas las respuestas ni ser una campaña de marketing más. Busca seguir una tendencia que hace que el ‘pensar fuera de la caja’ se convierta en un ‘hacer fuera de la caja’. Quizá el próximo salto tecnológico no ocurra solamente cuando las máquinas se vuelvan más inteligentes, sino cuando aprendamos a entender mejor aquello que todavía tienen que aprender de nosotros: cómo nos movemos, cómo producimos energía y qué posibilidades existen dentro de nuestro propio cuerpo.
