El silencio de los buenos candidatos: ¿por qué muchos prefieren no entrar a política?
Por: Rafael Velásquez Soriano

Cada vez es más frecuente escuchar a profesionales con experiencia, capacidad técnica y vocación de servicio que prefieren mantenerse alejados de los espacios públicos, porque consideran que la política se ha convertido en un terreno desgastante y altamente confrontacional. Esta es una realidad que debería preocuparnos.
Según una encuesta del Instituto de Estudios Peruanos, más del 70 % de ciudadanos tiene una percepción negativa sobre la clase política en nuestro país. Además, una parte importante considera que dedicarse a ella implica exposición permanente, ataques personales y poca estabilidad. Este escenario termina desmotivando a muchos perfiles valiosos que podrían aportar al país.
La política siempre ha sido exigente, pero en los últimos años el nivel de confrontación y descalificación se ha intensificado. Hoy cualquier declaración puede viralizarse rápidamente y convertirse en motivo de ataques en redes sociales o cuestionamientos públicos. Muchas veces el debate deja de centrarse en ideas y se concentra en destruir la imagen personal del adversario.
Este clima termina generando un efecto muy negativo, porque las personas más preparadas o con trayectorias profesionales sólidas sienten que tienen mucho más que perder que ganar al ingresar a la política. El desgaste familiar, la exposición constante y la pérdida de privacidad hacen que muchos prefieran continuar sus carreras lejos del escenario político.
También es importante entender que cuando los espacios políticos se vacían de cuadros técnicos o liderazgos sólidos, la calidad de la representación se debilita. La democracia necesita personas capaces, con experiencia y criterio, porque gobernar un país requiere mucho más que popularidad o presencia mediática.
Sin embargo, el problema no es solo de quienes deciden no participar, sino también del entorno político y ciudadano que muchas veces normaliza la agresión permanente. Cuando todo se convierte en insulto, sospecha o escándalo, la política deja de verse como servicio público y empieza a percibirse como un espacio poco atractivo para quienes realmente quieren aportar.
Además, muchos ciudadanos terminan reclamando mejores autoridades mientras las personas más preparadas continúan alejándose de la actividad política. Esa contradicción refleja un problema de fondo que el país todavía no logra resolver. No basta con exigir mejores liderazgos si las condiciones terminan expulsando justamente a quienes podrían ejercerlos.
La democracia necesita renovar liderazgos y abrir espacios para personas con capacidad y compromiso público. Pero eso difícilmente ocurrirá mientras la política continúe asociada únicamente al desgaste, el enfrentamiento y la desconfianza
. Si los mejores perfiles siguen prefiriendo guardar silencio y mantenerse lejos de la política, el país seguirá perdiendo talento valioso para tomar decisiones importantes. Y recuperar esa ausencia puede ser mucho más difícil de lo que imaginamos.
(*) Abogado y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima
