
Con la diferencia de algunas horas han sido sentenciados dos expresidentes, el primero Martín Vizcarra Cornejo condenado a 14 años por corrupción y a pagar una reparación civil de dos millones trescientos mil soles. Posteriormente Pedro Castillo Terrones fue sentenciado a once años, cinco meses y quince días de encierro por el fallido golpe de estado que intentó perpetrar el 7/12/2022; junto a Castillo también fueron condenados la ex primer ministro de su régimen Betsy Chávez, el abogado Aníbal Torres Vásquez y el ex ministro del interior Willy Huerta.
A Vizcarra se le condena por actos de corrupción durante su gestión como gobernador de Moquegua, que para los jueces Vizcarra recibió un millón de soles de la empresa “Obrainsa” para que se le asegure a dicha empresa la ejecución del proyecto de irrigación “Lomas de llo”. Y más de 1.3 millones de soles recibió de ICCCSA para garantizarle el avance para mejorar el hospital de Moquegua. Precisamente denuncié a Vizcarra en un debate promovido por RPP el 31/3/2016, sobre lo que le hizo al hospital de Moquegua y advertía en esa oportunidad el peligro de contar con una persona con esas características en el Ejecutivo. Se esperó diez años para sentenciarlo y el tiempo nos ha demostrado que todo lo realizado por Vizcarra (a) Lagarto, sirvió únicamente para retrasar su carcelería.
Caso diferente es Pedro Castillo y aquellos que lo secundaron en su fallido golpe de estado. El 27/11/2025 lo sentenciaron y no obstante la flagrancia de los hechos perpetrados por él y sus cómplices, se han demorado casi tres años en sentenciarlo. Para llegar a esto debo admitir la paciencia de la sala en oír defensas cantinflescas de abogados que ni sabían el nombre de su patrocinado; ver al reo que pedía permiso para salir a la calle porque desconocía la competencia de quienes lo juzgaban y el cambio constante de defensores.
La crisis política provocada por las dos fuerzas que llegaron a la segunda vuelta en las elecciones generales de 2016 donde la confrontación del Ejecutivo con el Legislativo era el pan de cada día, culminó en la ruptura del orden constitucional perpetrada por Vizcarra en 2019 con la leguleyada de la “denegación fáctica”, donde un gobierno débil logró eliminar a una oposición mayoritaria, y cuando se creía que la calma iba a llegar, el Congreso complementario vaca a Vizcarra y este es sucedido por Merino y después por Sagasti. Así con este último auspicio llega al poder Pedro Castillo el menos capaz para gobernar el país, y en su desgobierno más el de su sucesora Dina Boluarte entra el Poder Judicial y la Fiscalía burlando la competencia de los otros poderes del Estado.
Hoy a Vizcarra y Castillo los ha unido la cárcel, ambos son el producto de la improvisación de los partidos políticos que los han llevado al poder y esa fórmula les ha dado éxito. Lo peor es que eso ha logrado que hoy haya más de 40 agrupaciones políticas que se disputaran la Presidencia y el Congreso, y que un 95% de esas agrupaciones (que no son partidos) no tienen doctrina, historia y menos ideario fijo; lo que si hay es sorprender para llegar al poder.
Si se vuelven a elegir personajes oscuros, anodinos o mediocres como Vizcarra y Castillo con seguridad estos acabaran en la cárcel, porque el móvil no es el bienestar del pueblo, sino el de llenar sus alforjas con dinero del Estado. ¿Seguiremos eligiendo mal?
(*) Abogado y excongresista.

