Opinión

Cómo comprender el estrés en la biología de la mujer

Su sistema nervioso tiende a activarse con mayor rapidez frente a situaciones de presión, preocupación o amenaza

Por: Melissa Barrenechea

Durante mucho tiempo se ha repetido, casi como una verdad incuestionable, que las mujeres son “más intensas”, “más emocionales” o “más sensibles” frente a las situaciones de estrés. Estas etiquetas, presentes en conversaciones cotidianas y en ciertos discursos sociales, han contribuido a simplificar una realidad mucho más compleja. Hoy sabemos que muchas de esas percepciones no responden a una debilidad emocional, sino a la propia biología femenina.

Diversos estudios en neurociencia y fisiología han demostrado que el sistema nervioso de las mujeres tiende a activarse con mayor rapidez frente a situaciones de presión, preocupación o amenaza. Esto significa que, ante el mismo estímulo estresante que puede experimentar un hombre —una alta carga laboral, responsabilidades familiares o exigencias cotidianas— el organismo femenino puede reaccionar con una respuesta fisiológica más intensa.

En términos simples, el cuerpo de la mujer libera mayores niveles de  cortisol, conocida como la hormona del estrés. Este proceso no es negativo en sí mismo, ya que el cortisol cumple una función adaptativa que permite reaccionar, resolver problemas y mantenerse alerta. El desafío aparece cuando esa activación se vuelve constante o prolongada.

La diferencia clave está en el proceso de regulación. Mientras que en muchos casos el organismo masculino puede volver a su estado de calma con mayor rapidez, el sistema nervioso femenino suele tardar más en recuperar el equilibrio. Es decir, la respuesta al estrés no solo se activa más rápido, sino que también permanece más tiempo en el cuerpo.

Cuando esta situación se repite de manera sostenida, el estrés deja de ser un evento puntual y se convierte en un estado crónico. Es allí donde comienzan a aparecer múltiples efectos en la salud y el bienestar integral de la mujer. El estrés prolongado puede afectar el sueño, generando dificultades para conciliarlo o mantener un descanso reparador. También puede influir en la memoria, la concentración y la claridad mental. A nivel físico, el sistema digestivo suele ser uno de los primeros en manifestar las consecuencias del estrés acumulado. Problemas digestivos, inflamación o cambios en el apetito pueden ser señales de un sistema nervioso que permanece en estado de alerta. A esto se suman alteraciones en el deseo sexual, variaciones emocionales y una sensación constante de agotamiento.

Pequeñas prácticas para ayudar al cuerpo a regular el estrés

Aunque no siempre podemos evitar las situaciones estresantes, sí podemos aprender a ayudar a nuestro sistema nervioso a regresar con mayor facilidad a un estado de calma. Algunas prácticas sencillas pueden marcar una gran diferencia en el bienestar diario:

Respirar conscientemente. La respiración profunda y lenta es una de las herramientas más poderosas para enviar al cerebro la señal de que el peligro ha pasado. Dedicar algunos minutos al día a inhalar profundamente por la nariz y exhalar lentamente ayuda a reducir el ritmo cardíaco y a disminuir el cortisol.

Mover el cuerpo. La actividad física no solo fortalece el organismo, también libera tensiones acumuladas. Caminar, bailar, practicar yoga o cualquier movimiento placentero permite descargar el estrés que el cuerpo ha almacenado durante el día.

Priorizar el descanso. El sueño es uno de los principales reguladores del sistema nervioso. Dormir lo suficiente y cuidar la calidad del descanso permite que el cerebro procese emociones, restaure energía y reduzca los niveles de estrés.

Crear momentos de pausa. En medio de agendas llenas y múltiples responsabilidades, las pausas conscientes se vuelven esenciales. Tomarse unos minutos para desconectarse, estirarse, tomar aire o simplemente detenerse ayuda a que el sistema nervioso no permanezca constantemente en estado de alerta.

Buscar conexión y apoyo. Hablar con amigas, familiares o personas de confianza tiene un efecto profundamente regulador. El apoyo emocional y la sensación de acompañamiento ayudan al cuerpo a sentirse seguro y a disminuir la carga emocional.

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(*) Esteticista y consultora de imagen. Directora de MIRAMED ESTHETIC.

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