Opinión

Cambio en la correlación de fuerzas

Por: José Luis Gil

Han sido extenuantes los 54 días (casi dos meses) que se tomaron diputados y senadores para decidir si concedían o no facultades legislativas al gobierno de la presidenta Keiko Fujimori. Desde el cuestionamiento por parte de los diputados al contenido de las 66 propuestas legislativas del Ejecutivo hasta los votos en contra y a favor en el Senado, que terminaron con insultos, broncas y un espíritu obstruccionista, propio de la variopinta izquierda peruana, agravado con la vomitiva presencia comunista de Sendero Luminoso, encabezada por Íber Maraví.

En efecto, en la Cámara de Diputados, las bancadas de izquierda la tuvieron relativamente fácil para bloquear, imponerse, discutir, cuestionar y reducir de 66 a 20 los pedidos de facultades legislativas. Como sabemos, la oposición es mayoría en Diputados con los 74 miembros de JP, Ahora Nación, Obras y Buen Gobierno, versus los 56 escaños de la derecha, que son los 41 diputados de Fuerza Popular y los 15 de Renovación Popular; sin embargo, además de los 66 diputados que votaron a favor, incluso algunos caviares, fueron 34 los de la izquierda y un sector progre que votaron en contra. Al final, el pedido de facultades terminó mutilado y así pasó al Senado.

El tema en el Senado es muy complicado para la izquierda por dos razones: primero, por el factor jurídico, debido a que tanto el mandato constitucional como el Reglamento del Congreso les dan la facultad a los senadores de revisar, modificar o rechazar los proyectos provenientes de la Cámara de Diputados.

En segundo lugar, por la composición de los escaños, debido a que las bancadas oficialistas tienen la mitad de los 60 votos, es decir, 22 senadores de Fuerza Popular y 8 de Renovación Popular; los otros 30 escaños están divididos entre 14 senadores de JP, 7 de Buen Gobierno, 5 de Obras y 4 de Ahora Nación. El margen de maniobra de la izquierda aquí fue muy ajustado, casi al límite.

Las cuatro bancadas de izquierda en el Senado son disímiles en lo ideológico y político, lo que no se debe leer como “pluralidad”, sino como su gran debilidad. Lo que sí podemos decir con absoluta certeza es que los partidos marxistas-leninistas y marxistas-leninistas-maoístas (JP y AN) tendrán votos cerrados y monolíticos, a diferencia de Buen Gobierno y Obras.

Si bien los progresistas o caviares incluso provienen de la izquierda, empezando por su líder Jorge Nieto, esto no garantiza, como ha pasado, que mantengan la unidad con la izquierda ideologizada frente a decisiones en las que, en su libre albedrío de pensamiento, podrán votar de manera contraria, y esto terminará por fragmentarlos.

Como es sabido, al final el Senado concedió las facultades con los votos favorables de tres senadores de OBRAS y dos de Buen Gobierno (cinco); asimismo, se abstuvieron un senador de Obras y cinco de Buen Gobierno (seis).

En los hechos, el oficialismo tiene ahora 35 votos (y 6 de reserva para momentos complicados), más aún que las renuncias ya empezaron. Como sabemos, ayer renunció el senador Jorge Gavidia del partido Buen Gobierno, y esto marca el inicio del cambio en la correlación de fuerzas.

No dudamos que el gobierno hará todos los esfuerzos para enfrentar los desafíos de la naturaleza y la seguridad ciudadana, pese a la mezquindad con la que se ha comportado la oposición, pero, en medio de todas las dificultades, que la balanza del Senado esté inclinada un pelín hacia la derecha, más aún ahora con la renuncia de Jorge Gavidia, hecho que les da un respiro que debe aprovechar.

Bienvenido el cambio en la correlación de fuerzas. ¡Vamos con todo!

(*) Exdirector general de Inteligencia del Mininter y ExGein

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