Opinión

Asamblea constituyente y democracia

Por: José María “Chema” Salcedo

En la conferencia de Celac en México, el presidente Castillo ha dicho que se propone hacer reformas para el beneficio del Perú en el marco del estado de derecho. Pero paralelamente el partido Perú Libre está recolectando firmas para convocar a la famosa asamblea constituyente. Si analizamos el mensaje de Fiestas Patrias de 28 de julio del presidente Castillo, veríamos que hasta que mencionó la palabra constituyente, todas las reformas y todas las medidas que manifestaba en su mensaje se podían aplicar sin modificar un ápice de la Constitución actual, pero mencionó el tema de la asamblea constituyente al final de su explicación en su intervención del 28 de julio.

Lo que estamos viendo es que lo que intenta el presidente no es tanto hacer reformas, mejora, distribución de la riqueza, etc., sino básicamente construir un nuevo poder porque si fuese cierto que la idea del Gobierno es mejorar la situación del país, en el marco del estado de derecho actual que tenemos, no habría por qué recolectar firmas para la asamblea constituyente. Esa es la verdad, y, sin embargo, eso es lo que está ocurriendo y que ocurre todos los días. Perú Libre se propone llegar a cuatro millones de firmas, nada menos. ¿Para qué? Para buscar una asamblea constituyente para una nueva Constitución.

Una asamblea constituyente en la que, lo ha dicho el doctor Cerrón, de la democracia representativa vamos a pasar a la democracia participativa y popular. Ha dicho -y está escrito en el planillón- varias cosas. Primero, que la asamblea constituyente va a ser elegida no solo por representantes elegidos directamente por el pueblo, sino además por representantes de grupos concretos; por ejemplo, comunidades nativas, pueblos originarios, etc. De manera que estos grupos y otros más van a tener una cuota de asambleístas. Estos no van a ser elegidos de manera directa, sino de una manera que aún no conocemos, pero que le da a esta visión un carácter corporativo, no un carácter democrático, un carácter corporativo a la manera, por ejemplo, del ‘fascio’ de Mussolini en Italia o del franquismo en España, formas de representación nada democráticas, sino más bien de carácter orgánico, gremial, sectorial, etc.

O sea que la asamblea a la que se nos invita a firmar va a tener un carácter mixto. No la convierte en una asamblea muy democrática que digamos porque va a haber grupos que no necesariamente van a estar representados por el pueblo, sino por características étnicas, originarias o de otra naturaleza. Algo de esto hay en la asamblea constituyente de Chile, que tiene una representación de lo que ellos también llaman pueblos originarios, los mapuches y otros, por lo que no se vota un hombre un voto, sino que tienen una votación especial que lo convierte en un grupo corporativo. Esto en realidad no es democrático.

(*) Periodista

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