Debate presidencial: lo gana quien mejor conecta, no quien mejor propone.
Analista político Fernando Flores Limo advierte giro tras la exposición de candidatos a la primera magistratura del país.

Por: Roberto Sánchez R.
El doctor Fernando Antonio Flores Limo, analista político e investigador de la Universidad La Cantuta, sostiene que el debate presidencial 2026 evidenció un cambio profundo en la dinámica electoral. Los candidatos ya no compiten solo con propuestas, sino por interpretar el malestar ciudadano. Advirtió que la conexión emocional pesa más que la solidez técnica en el escenario político actual. En ese contexto, alertó que el votante enfrenta el reto de no decidir únicamente por percepciones.
Dr. Flores Limo, después de ver el debate presidencial 2026, con décadas de
experiencia uno percibe que algo ha cambiado profundamente. ¿Cuál es su lectura
general?
Efectivamente, hay un cambio estructural. El debate ya no es un espacio de confrontación de planes de gobierno, sino un escenario donde se disputa la interpretación del malestar nacional. En el Perú 2026, marcado por crisis institucional, inseguridad y desconfianza, el candidato que logra conectar tiene ventaja, incluso por encima del que presenta mejores propuestas.
Entrando al terreno concreto: ¿qué tipo de discurso predominó y por qué funciona en
el Perú actual?
Predominó un discurso de simplificación política con alta carga emocional. Esto funciona porque el país atraviesa una fatiga institucional. El ciudadano promedio no espera explicaciones técnicas complejas, sino respuestas claras, directas y emocionalmente convincentes frente a problemas urgentes como la inseguridad o el costo de vida.
Con franqueza, como analista político: ¿quién ganó el debate y quién perdió?
Si analizamos en términos políticos —no académicos—: Ganó el candidato que logró proyectar control, claridad y cercanía emocional, incluso sin detallar completamente sus propuestas. Supo hablarle al ciudadano común, no al especialista. Perdió el candidato excesivamente técnico, que no logró traducir sus propuestas en lenguaje político accesible. También perdió quien cayó en ataques desordenados o mostró pérdida de control emocional. En el Perú actual, la percepción de liderazgo pesa más que la sofisticación programática
.
Entonces, ¿podríamos decir que el mejor preparado no necesariamente gana?
Exactamente. En el Perú 2026, el mejor preparado puede perder si no logra
comunicar políticamente su preparación. El conocimiento técnico sin capacidad de conexión emocional se percibe como distancia o elitismo. La política hoy exige una doble competencia: saber y saber comunicar.
Desde su experiencia, ¿qué errores fueron decisivos en este debate?
Hubo tres errores críticos: Sobre explicar: candidatos que saturaron con datos sin narrativa.
Perder el control emocional: gestos de irritación o agresividad excesiva. No responder directamente: evasivas que generan desconfianza. En un contexto de alta desconfianza, cualquier señal de inseguridad o evasión penaliza mucho.
¿Y qué aciertos marcaron la diferencia?
Tres aciertos claros: Mensajes simples pero contundentes. Capacidad de sintetizar problemas complejos en soluciones comprensibles Coherencia entre lenguaje verbal y no verbal El candidato que parece firme, claro y cercano gana terreno rápidamente.
Hablemos del votante peruano. ¿Cómo interpreta este tipo de debate?
El votante peruano del 2026 es un votante cansado, pragmático y emocionalmente
alerta. No está buscando al mejor teórico, sino a quien le genere confianza inmediata.
El problema es que esta forma de evaluación puede privilegiar la forma sobre el fondo,
lo que explica por qué muchas veces se elige en función de percepción más que de
programa.
Entonces, ¿qué debería hacer el votante frente a este tipo de debates?
El votante debe hacer un esfuerzo adicional que el debate por sí solo no garantiza:
Diferenciar discurso de viabilidad. Verificar si las propuestas tienen sustento real
Evaluar trayectoria, no solo desempeño en el debate. No dejarse llevar únicamente por la emoción del momento. El debate orienta, pero no debe ser el único criterio de decisión.
¿El debate influye realmente en el resultado electoral?
Sí, pero no de forma absoluta. El debate puede consolidar a un candidato
Debilitar a otro. Mover al votante indeciso. No cambia completamente el escenario, pero puede inclinar la balanza en momentos clave.
Finalmente, con toda su experiencia: ¿qué nos deja este debate sobre la política
peruana?
Nos deja una lección clara: El Perú no está eligiendo solo propuestas, está eligiendo figuras capaces de interpretar su crisis. Pero eso también implica un riesgo: si el votante no exige contenido, la política puede quedarse en el nivel de la representación simbólica.
Por eso, el desafío no es solo de los candidatos, sino también del ciudadano:
elevar el nivel de exigencia democrática.

