
A propósito del genocidio al que está acostumbrado a cometer en su historia el Estado de Israel contra los palestinos durante décadas, intensificado en los dos últimos años con el asesinato de 70 mil de sus pobladores en Gaza, encontré unas anotaciones que hace la activista y escritora chilena Nancy Lolas, cuando dice: “Recordaba haber presenciado una entrevista a dos jóvenes, uno israelí y el otro palestino. Al preguntársele al israelí qué tenía, como judío, a la tierra de Palestina, este respondió muy seguro: ‘Mi Dios nos la prometió’. Parecía tan natural, hasta el momento en que el palestino de ojos muy grandes y muy negros musitó, muy seguro: ‘A mí Dios no me dijo nada’”.
Sobre la tierra prometida para los judíos, la ideología sionista se basa en un postulado muy simple: está escrito en Génesis (15:18-21): “En aquel día hizo el Señor una alianza con Abraham, diciéndole: a tu descendencia he dado esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río, el Éufrates”. A partir de allí, de la manera más desvergonzada y sin preguntarse en qué consiste la alianza, a quién fue hecha la promesa o si la elección era incondicional, los dirigentes sionistas, aunque sean agnósticos o ateos, proclaman: “Palestina nos ha sido dada por Dios”, es decir, una apología del robo de tierras y de identidad en perjuicio de los palestinos.
Desde entonces, sus líderes no han dejado de repetir que, como fue una promesa hecha por el propio Dios, sería ridículo pedirle cuentas sobre su legitimidad, y que, como es una tierra prometida por Dios, entonces poseen derecho sobre ella. Ben Gurión decía tiránicamente que las fronteras de Israel se deberían extender “tan lejos como nuestro ejército pueda llegar”.
Es por eso que en la actualidad surgen personajes tan esperpénticos y asesinos como su actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, que efectúan tierra arrasada en territorio palestino, matando a más de 70 mil personas, la mitad de ellas niños y mujeres. La mayoría de israelíes afirman que la Biblia les dio Palestina como una “tierra prometida”. Aun si de interpretar la Biblia se trata, es verdad que Dios prometió a Abraham dar una tierra a sus descendientes, pero los descendientes de Abraham son los creyentes en Cristo.
San Pablo dijo: “Todos sois hijos de Dios por la fe en Jesucristo. Pues todos los que habéis sido bautizados en Cristo estáis revestidos de Cristo. Ya no hay distinción de judío ni griego, ni de siervo ni libre, ni tampoco de hombre ni mujer, porque todos vosotros sois una cosa en Jesucristo. Y siendo vosotros de Cristo, sois por consiguiente hijos de Abraham y los herederos según la promesa” (Gálatas 3:26-29).
Sin embargo, los israelíes rehúsan reconocer a Jesús como Cristo y, en consecuencia, no pueden ser considerados como descendientes de Abraham teniendo un derecho a la herencia de la tierra. Finalmente, el concepto de “Tierra Prometida” es de carácter espiritual; de ninguna manera puede ser geográfico, y mucho menos utilizando las armas y las bombas para asesinar e infligir holocausto como lo hacen contra el prójimo: los palestinos.
(*) Exvicepresidente del Perú

