Opinión

La desigualdad no es el problema, el problema es la pobreza

Por: Fernando Cillóniz Benavides

Mucha gente critica la desigualdad. Pero ¿acaso hay dos personas iguales en el planeta? ¿Acaso cada ser humano no es único e irrepetible? Los seres humanos somos diferentes. ¿Tanto les cuesta, a algunos, entender lo que es tan evidente? Dicho sea de paso, no son pocos los que critican la desigualdad, como si la igualdad entre personas fuese un fin alcanzable. Cada persona tiene talentos, fisonomías y actitudes diferentes. Cada quien vive en entornos y espacios diferentes. Incluso, cada persona toma decisiones diferentes. En concreto, hay mil motivos y condiciones para que las personas seamos diferentes unas de otras.

Ciertamente, hay mucha envidia detrás del tema de la igualdad entre las personas. Los detractores de la desigualdad, en el fondo, envidian a las personas adineradas. No les preocupa la pobreza. Simplemente, no toleran que unos tengan dinero. En todo caso, no toleran que algunos tengan más dinero que ellos.

Otra cosa es la igualdad de oportunidades. Ahí sí la desigualdad es injusta y criticable. Está mal, muy mal, que algunas personas tengan oportunidades de desarrollo que otros no tengan. La desigualdad de oportunidades, eso sí está mal. Pero la desigualdad entre personas, nada que ver.

De lo que se trata entonces es de reducir la pobreza. Y ojalá erradicarla por completo. Precisamente, el gran objetivo nacional debería ser eliminar la pobreza. No importa que haya gente rica. Lo importante es que no haya gente pobre.

Ahora bien, una cosa es ser pobre, lo cual, de por sí, es terrible. Sin embargo, mucho peor es empobrecerse. Es decir, pasar de mal a peor. La pregunta es: ¿por qué se han empobrecido tantos peruanos? Bueno, pues, aunque parezca mentira, el principal empobrecedor de millones de peruanos es el Estado, nuestro Estado corrupto, indolente e inoperante.

Por otro lado, por el lado de los servicios de agua, salud, educación y seguridad, muchos compatriotas también han sido empobrecidos por el Estado. Efectivamente, consumir agua cara y contaminada empobrece. Pero ahí no termina la cosa. La mala educación estatal también empobrece. Y ¡qué decir del empobrecimiento que genera la delincuencia, que no solo extorsiona y secuestra, sino que roba, agrede, hiere y mata a gente inocente! Todo eso empobrece, y ¡vaya que el Estado tiene vela en ese entierro!

No obstante, hay también otros empobrecedores que, en esencia, están fuera del Estado, pero que juegan en pared con el monstruo estatal. Los “ambientalistas”, por ejemplo. Los “ambientalistas” a los que me refiero son, por ejemplo, aquellos que se oponen al desarrollo de la agricultura amazónica: café, cacao, palma aceitera, etc., so pretexto de proteger los bosques y la fauna.

Como se ve, estamos plagados de empobrecedores, tanto dentro del Estado como fuera de él. Pero ojo, la lista de empobrecedores tiene varios etcéteras más. Todos, eso sí, tienen el común denominador de ser “antis”: anti-mineros, anti-AFP, anti-agroexportadoras, anti-farmacias privadas, anti-pesqueras. Ellos son “anti” todo lo que signifique progreso económico y bienestar social. El único “pro” que tienen los empobrecedores es la pro-pobreza.

No confundamos pobreza con desigualdad. La pobreza es evitable, sobre todo en un país tan rico como el nuestro. La desigualdad, en cambio, es inevitable. Así es la vida en este valle de lágrimas.

(*) Exgobernador regional de Ica.

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