Opinión

Visita de la presidenta Keiko Fujimori a El Salvador: oportunidad para conocer avances en educación

Por: Guillermo Molinari Palomino

La visita de la presidenta Keiko Fujimori a El Salvador viene recibiendo diversos comentarios a favor y en contra. La opinión de este humilde servidor es que este viaje puede permitirle entender que los grandes cambios en El Salvador no solo consisten en medidas para enfrentar a las pandillas, hacer cárceles para recluir a diferentes tipos de personas que delinquen o establecer un régimen de excepción que permita enfrentar la criminalidad en un país que registró una de las tasas de homicidios más altas del mundo, con 105 a 106 homicidios por cada 100.000 habitantes (unos 6.656 asesinatos en un solo año). Hoy en día tiene una tasa de aproximadamente 1,3 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Nayib Bukele ha entendido la relación entre la educación y la lucha contra la criminalidad, que no es solo la lucha contra las pandillas; comprende la represión estatal directa como medida inmediata y la prevención de largo plazo a través del orden y la disciplina escolar. En este esquema, el rol asignado a la educación y la disciplina ha implicado tres medidas:

Orden y prevención escolar: La Secretaría de Educación ha llevado a cabo acciones de rigurosa regulación en las instituciones educativas con el fin de prevenir la reaparición de grupos delictivos y el impacto negativo en los adolescentes.

Reglamento de Cortesía Escolar: Establecido con reglas imprescindibles, como la utilización de vestimenta oficial, verificación de apariencia y saludos cordiales, aplicando sanciones (deméritos) por la falta cometida.

Prevención comunitaria: Expertos en criminología y análisis indican que una educación excelente actúa como un escudo de seguridad a largo plazo al brindar posibilidades, un sentido de pertenencia y conexiones de apoyo que alejan a los niños de situaciones peligrosas.

Lo anterior ha generado también cambios serios en la gestión de las escuelas. La administración de El Salvador conectó la estrategia de seguridad bajo el estado de emergencia con la gestión dentro de las instituciones educativas. Con la designación de una oficial militar como titular de Educación, se estableció un estricto conjunto de normas de “orden y disciplina”.

Estos cambios han generado las siguientes acciones:

Revisión obligatoria al ingreso: Los directores y profesores deben realizar controles diarios a la entrada. Se exige uniforme impecable, zapatos lustrados, cortes de cabello específicos (sin diseños ni tintes) y la prohibición de maquillaje, uñas pintadas, piercings o alguna ropa adicional no prevista en el uniforme establecido.

Normas de cortesía rígidas: Los estudiantes deben saludar formalmente al ingresar y salir del aula, pedir las cosas “por favor” y dar las “gracias”.

Sistema de deméritos y sanciones: Se implementaron castigos que van desde horas de servicio comunitario hasta un sistema de deméritos acumulativos; alcanzar 15 deméritos puede impedir la promoción de grado del alumno. Los directores que omitan la supervisión de estas normas enfrentan sanciones administrativas graves.

Como en toda nación donde se comienza a poner orden, disciplina y normas, el gobierno de Bukele también ha recibido críticas de organizaciones de derechos humanos y redes educativas, “por el riesgo que corren los jóvenes de comunidades marginadas de ser detenidos arbitrariamente bajo sospecha, o por las reformas legales que permiten juzgar y condenar a menores de entre 12 y 16 años a penas de hasta 10 años de prisión”.

También existen posturas en contra de los gremios docentes y académicos que critican la “militarización” o el “autoritarismo” dentro de las aulas. Una buena sugerencia es que visite estas escuelas. Lo que conozca no es para adoptar, sino para adaptar a nuestra realidad.

(*) Exviceministro de gestión Pedagógica.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba