Variedades

Tumi de Oro: joya de la orfebrería prehispánica

Fue hallado en 1936 en una huaca de Lambayeque y trabajadores de museo lo robaron en 1981

En el corazón del antiguo Perú, el Tumi de Oro brillaba como símbolo de poder, ritual y arte supremo. Hallada en 1936, entre templos de adobe y bosques secos, por huaqueros en la huaca La Ventana, en Íllimo (Lambayeque), esta pieza de orfebrería prehispánica fue atribuida a la cultura Lambayeque, aunque por años se pensó que pertenecía a los chimúes.

Este objeto forjado con la más alta destreza metalúrgica, de hoja semicircular y empuñadura que representa a una deidad antropomorfa —presumiblemente Naylamp—, se convirtió en emblema de la medicina ceremonial y la ofrenda funeraria.

El tumi no era un cuchillo utilitario. Era una joya ritual que acompañaba a los grandes señores en su tránsito al más allá. Medía 42 cm, pesaba casi un kilo y estaba hecho de oro de 24 quilates, con incrustaciones de sodalita y un tocado semilunar decorado con aves móviles. Su conservación en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú era motivo de orgullo nacional.

Sin embargo, el 26 de noviembre de 1981, la historia cambió. Tres hombres, extrabajadores del museo, perpetraron el llamado “robo del siglo”. Ingresaron de noche, esquivando alarmas, redujeron a los guardias y accedieron a la bóveda. Se llevaron 34 piezas de oro prehispánico, entre ellas el Tumi de Oro.

El tumi fue fragmentado con cinceles y combas. Los ladrones buscaban venderlo por partes, ignorando su valor simbólico. Aunque algunas partes fueron recuperadas, la pieza quedó destruida, como una cicatriz en la memoria cultural del país.

El tumi apareció por primera vez en la orfebrería moche (siglos II–VII d.C.), trabajada en oro, cobre y aleaciones. Posteriormente, la cultura Lambayeque o Sicán (700–1300 d.C.) perfeccionó su diseño y lo dotó de gran carga simbólica, incorporando figuras asociadas al mito de Naylamp.

También existen ejemplares chimú e incluso incas, aunque con menor presencia, pero el más famoso y representativo fue el Tumi de Oro hallado en Íllimo, que no solo representa el esplendor del pasado, sino también la fragilidad del presente. Su historia es un llamado urgente a proteger el legado que nos define.

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