Opinión

Terrorífico futuro

Por: Ántero Flores-Aráoz Esparza

Bajo el título de esta pequeña columna, no nos referimos al lejano, sino al muy cercano futuro, en que parecería ser que la naturaleza y el ser humano se hubiesen puesto de acuerdo para perjudicar a los pobladores del globo terráqueo.

En efecto, ya estamos afrontando el cambio climático, como pueden sufrirlo los de Nepal con las inundaciones, así como en otras diversas zonas del mundo, y las extremas temperaturas que soportan los europeos.

En nuestro país, el catastrófico fenómeno del Niño comienza a hacerse presente y, según todas las previsiones de los expertos, será de gravísimas consecuencias, advertido desde tiempo atrás, aunque los gobiernos que se han sucedido no han hecho absolutamente nada para mitigarlo y todo lo han dejado al gobierno que se acaba de iniciar el pasado 28 de julio.

También, bajo responsabilidad de la naturaleza, se anuncia para el Perú un fortísimo sismo, cuyo grado de intensidad predice destrucción y muerte, para el que podríamos estar preparados, pero tampoco se hizo absolutamente nada.

Desde el Instituto Geofísico del Perú, su más alta autoridad, como es Hernando Tavera, ha sido entrevistado por infinidad de canales televisivos, radios y diarios sobre los peligrosos e intensos terremotos que tenemos que enfrentar, no solo por estar en zona sísmica en los Andes, sino también por los roces de la placa de Nazca con la zona continental. Que se viene el o los sismos, no hay duda alguna pero, felizmente, el actual Gobierno Nacional, con vocación de previsión que no han tenido los últimos gobiernos, ha expedido la resolución N.° 084-2026-PCM/SG-RP, que aprueba el Plan de Seguimiento y Evaluación del Plan Multisectorial ante Sismos y Peligros Asociados 2026-2028 y el Plan Comunicacional para todo ello.

A todo lo expuesto, que corresponde al actuar de la naturaleza, se asocia la acción del ser humano, en que en el Perú no es precisamente la acción, sino la omisión ante el peligro, en que, pudiéndose mitigar los efectos de la naturaleza, se espera al final, cuando ya poco o nada se puede hacer para moderarla, aunque bien podríamos tener más helicópteros que se sumen a los pocos en funciones, más transportes aéreos, marítimos y terrestres que ayuden a atender a las víctimas de la naturaleza desde la FAP, la Marina, el Ejército y la PNP, además de mayor número de tractores y montacargas, vehículos de orugas para el Ejército y hasta puentes metálicos de pronto armado para reemplazo temporal de los que pudiesen inutilizarse, ello a cargo de la Ingeniería del Ejército.

Ahora la sociedad civil se ha unido a los gritos y exclamaciones de auxilio, pero, la verdad sea dicha, estaba contagiada por el inmovilismo estatal y recién se suma a la tardía acción.

Como si todo lo expresado no fuese catastrófico, el ser humano se ha agregado al catastrófico panorama con los conflictos bélicos, como los tenemos entre Rusia y Ucrania; Gaza-Israel-Líbano; EE.UU. e Irán, además de muchísimos otros conflictos internacionales armados, y sin olvidar las consecuencias para la economía mundial de los intermitentes cierres del estrecho de Ormuz, por donde transita el petróleo que se consume en muchos lugares del mundo, incluido el Perú.

Felizmente contamos con una Cancillería muy profesional, que ha sabido colocarnos bajo el mando de la influencia geográfica y realista de los EE.UU. ¡Dios nos ampare!

(*) Expresidente del Consejo de Ministros

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