Opinión

Cuando la guerra avisada sí mata gente

Por: César Ortiz Anderson

Pareciera que este Gobierno no hace un análisis serio del costo de vidas humanas de los serenos. Equipar a los serenos con pistolas eléctricas es quizás lo más idiota que ha hecho este gobierno por las siguientes razones:

Los serenos no son operadores de justicia porque no tienen formación para funciones de seguridad pública, y podría yo decir que tampoco para funciones de seguridad ciudadana dentro de la perspectiva municipal.

La función del sereno en apoyo a la PNP en la seguridad pública se realiza en tres fases: la de vigilancia preventiva, de alerta a la Policía para que intervenga y de auxilio al ciudadano.

El sereno es un ciudadano al que reclutan para vestirlo con un uniforme, darle algunas clases de intervención de corte policial y hacerlo dar vueltas en un vehículo o a pie creyendo disuadir. Muchas veces interviene en hechos policiales donde corre un riesgo, y ya les costó algunas vidas por desconocer técnicas de intervención y, sobre todo, por ser responsables legales individuales y no institucionales como municipalidad. Normalmente, los dejan solos y atinan a despedirlos.

El sereno no tiene formación con disciplina ni organización para su manejo; responde más bien a un antojo de lo que quiere el gerente y el alcalde.

Ahora, con un arma que de una u otra forma puede afectar la vida de un ciudadano, la responsabilidad legal tendrá que asumirla el alcalde ante un procedimiento policial, ya sea por responsabilidad legal o por responsabilidad política.

Solo el hecho de que un sereno se quiera enfrentar con pistola eléctrica a un delincuente hace que crezcan las posibilidades de que salga herido o muerto.

El armar a los Serenos no está obedeciendo al orden, sino más bien al desorden, la desorientación, la anomia ciudadana y la anarquía, porque no se sabrá quién es quién; todo por un capricho político de los alcaldes que quieren pasar de grupo de presión a grupo de poder, para poder equipararse en algo con el Poder Central del Ejecutivo.

Los alcaldes, indirecta y sutilmente, están trabajando políticamente en la formación de una policía municipal para convertirse en señores feudales, aprovechando las contradicciones internas, el divisionismo y el desconocimiento de la profesión y función de la Policía, que viene obedeciendo sesgos especializados de formación de quienes la dirigen desde su unificación.

Finalmente, no se puede cambiar pistolas que disparan descargas eléctricas, que neutralizan por algunos minutos a un delincuente (si es que están bien entrenados para su correcto uso), por armas de fuego de verdad que sí matan. Nadie quiere que el remedio sea peor que la enfermedad.

*Presidente de Aprosec.

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