Opinión

El Foro de Sao Paulo y el silencio sobre el desastre venezolano

Por: Max Anhuamán

El pasado 4 de enero de 2026, los gobiernos de Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España emitieron un comunicado conjunto rechazando la intervención militar estadounidense que resultó en la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. El texto defiende con firmeza la soberanía venezolana, la no injerencia y la resolución pacífica de conflictos, principios consagrados en el derecho internacional. Sin embargo, en ningún momento menciona el profundo desastre humanitario, económico y político que el régimen madurista dejó en Venezuela: más de siete millones de emigrados, una economía colapsada (con una caída del PIB cercana al 75 % desde 2013), miles de presos políticos, violaciones sistemáticas de derechos humanos documentadas por la ONU y serias acusaciones de vínculos con el narcotráfico.

Este silencio selectivo no es casual. Revela cómo ciertas alineaciones ideológicas pueden llegar a eclipsar la necesaria rendición de cuentas en materia humanitaria.

En el centro de esta dinámica se encuentra el Foro de São Paulo, una organización fundada en 1990 en Brasil por Luiz Inácio Lula da Silva y Fidel Castro con el objetivo de reagrupar a la izquierda latinoamericana tras la caída del Muro de Berlín. Lo que comenzó como un espacio de debate anti-neoliberal se convirtió, con los años, en una red de coordinación política que incluyó desde partidos socialdemócratas hasta movimientos revolucionarios y, en algunos casos, grupos armados.

El Foro jugó un rol clave en el ascenso y consolidación del chavismo, Castro halló un “hijo”, en Hugo Chávez que se incorporó en la década de 1990 y su partido, el PSUV, sigue siendo miembro activo. Tras el intento de golpe de Estado de 2002 contra Chávez, el Foro ayudó a articular apoyos internacionales. En la era de la “marea rosa”, facilitó la cooperación entre gobiernos progresistas de la región.

Hoy, cuando el régimen de Maduro ha llegado a su fin por vía externa, el Foro de São Paulo emitió un comunicado repudiando la acción estadounidense como “agresión gravísima” y culpando exclusivamente al “imperialismo”. Ni una palabra sobre la represión interna, el fraude electoral o el éxodo masivo que marcó los últimos años del madurismo.

Este patrón no es nuevo. Durante más de una década, la red ha tendido a minimizar las derivas autoritarias de gobiernos aliados (Venezuela, Cuba, Nicaragua), en nuestro país su injerencia también es notoria; ellos priorizan la narrativa antiimperialista sobre la defensa de la democracia y los derechos humanos, así contribuyen indirectamente a prolongar crisis profundas, al brindar respaldo simbólico (ellos son netamente simbólicos) y político a regímenes que erosionaron las instituciones democráticas.

No todos los firmantes del comunicado reciente comparten el mismo grado de cercanía con el Foro ni con el chavismo. Presidentes como Gabriel Boric (Chile) y Pedro Sánchez (España) han sido críticos del autoritarismo venezolano en el pasado. Sin embargo, la decisión de suscribir un texto común que omite por completo el desastre interno revela la fuerza que aún conserva la solidaridad ideológica en ciertos sectores de la izquierda latinoamericana y europea.

La caída de Maduro abre una oportunidad histórica para una transición democrática en Venezuela. Para que sea sostenible, necesitará diálogo interno, apoyo internacional equilibrado y, sobre todo, el reconocimiento sin eufemismos del inmenso daño causado. Solo así se podrá construir un futuro que priorice el bienestar de los venezolanos por encima de cualquier lealtad ideológica.

(*) Exdirector de la DIRCOTE / DINI.

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