
Roberto Sánchez, el “sombrero luminoso 2.0” de Juntos por el Perú, entra por la ventana del fraude (con Piero Corvetto en modo garrapata en ONPE) a la escena política (nuevamente) y a la segunda vuelta, cargado de estrategias para “vencer” a Keiko Fujimori y llevarnos al abismo del socialismo.
Todo esto gracias a la “fina cortesía” de caviares que enajenaron el sistema electoral de hace mucho, a los medios de comunicación afines (que usaron estratégicamente la palabra terruqueo para asustar a los rivales de la derecha), a operadores políticos (RMP, H13, Sifuentes, entre otros) y al “plan de construcción” de SL. Y todo esto en las narices de una derecha inmadura e ignorante y sin capacidad autocrítica.
Rafael López Aliaga creyó que esta lucha era de él solo contra el mundo y que su experiencia como empresario exitoso sumada a su pragmatismo como alcalde de Lima con muchas obras realizadas, bastaría para licenciarse un verbo agresivo y cargado de acusaciones (algunas con sustento) arremetiendo contra “poderes fácticos” o grupos de poder.
Hoy, con toda razón grita ¡fraude!, idea que comparto, sin embargo, también debe hacer un mea culpa dado que su estrategia no funcionó porque al parecer solo se ha escuchado a sí mismo y no cree que la izquierda radical sea capaz de armar una estrategia que se lo levanten en peso.
Por otro lado, la candidata Keiko Fujimori, que fue víctima de fraude, insiste en presentarse nuevamente, que no me parece mal porque así es la batalla política, pero con una estrategia endeble en lo que respecta al conocimiento de su también enemiga acérrima, la izquierda radical. Hoy se aferra con todo a su primer lugar y sus dirigentes han salido a “descartar” el fraude, a cuestionar a quienes claramente vemos un crimen aquí, y sin mirar el “bosque” (la trama completa) solo el “árbol” (la prueba).
Los demás candidatos de derecha como Carlos Álvarez, Carlos Espá, y otros, han quedado como aventureros que no tuvieron ese espíritu solidario. Su impertinente persistencia (al final del proceso) en apostar a ser “outsiders” en estas elecciones solo contribuyó a la fragmentación política de la derecha. Un Álvarez mal asesorado políticamente persistió en no ser “de izquierda o derecha”, creyendo que eso marcaría la diferencia para su “outsiderismo” sin querer saber que eso abonó en favor de la izquierda radical. Un desastre.
Las grandes amenazas para el país, las libertades, la vida, la paz y la democracia son cuatro: la izquierda radical; los progresistas o caviares, quienes tienen infiltrados todos los sistemas del país y son “funcionales” a cualquier tipo de izquierda; la corrupción como el principal cáncer que está minando al país; y el fenómeno criminal, que me queda claro, ninguno de los políticos entiende.
Hoy tenemos de regreso nuevamente a una de las principales amenazas: La izquierda radical, integrada por facciones de Sendero y el MRTA, ya sean excarcelados, familiares o simpatizantes, a los que se suma la “organización” violentista “etnocentrista” y su “marihuanero” cabecilla Antauro Humala. Roberto Sánchez de Juntos por el Perú cumple el plan de Sendero Luminoso (unir las izquierdas) y hace que con su trabajo clandestino, de hormiga, silencioso, avance a hurtadillas frente a una derecha que no mira más allá de sus narices. ¡Será motivo para dar batalla nuevamente para recuperar la democracia! No nos vencerán!
¡Vamos con todo!
(*) Exdirector general de Inteligencia del Ministerio del Interior y exGEIN

