
Cada vez me convenzo más de que el pernicioso Club de la Construcción, aquella pandilla de empresarios de cuello y corbata que tanto daño nos hizo a los peruanos, es también una cortina de humo perfecta para tapar otros “clubes de la corrupción” en nuestro país.
Empezando por el hecho de que la corrupción es personalísima. Es decir, de personas de carne y hueso, con nombres y apellidos, incluso con DNI. La corrupción, como se ha dicho mil veces, no es institucional. Ergo, no tiene sentido hablar de “la empresa corrupta”, “la institución corrupta” o “el Estado corrupto”. Insisto: corruptas son las personas, no las empresas o instituciones.
Qué bien se esconde detrás de la cortina del Club de la Construcción la Costra del 5to. Nivel, esa burocracia parasitaria y corrupta que maltrata sin piedad a la sufrida e indefensa población peruana.
Pero el Estado también cobija a otros “clubes de la corrupción”, cada cual más pernicioso que el otro. Por ejemplo, los miles de Clubcitos de la Construcción que hay en todas las regiones, provincias y distritos del país, a los que últimamente se han sumado empresarios chinos, también recontra coimeros y corruptos.
El Club de los Consultores es otro antro de corrupción, escondido detrás de la cortina del Club de la Construcción. La cosa es así: la Costra del 5to. Nivel no mueve un dedo sin un informe elaborado por un consultor externo. El Estado gasta una millonada en informes elaborados por consultores externos coimeros.
Después está el Club de los Tramitadores. Los tramitadores de brevetes son los más conocidos, pero hay más. Para cada tipo de licencia hay mil tramitadores. Operan con total impunidad, a vista y paciencia de todo el mundo. Vladimir Cerrón (exgobernador regional de Junín), Javier Gallegos (exgobernador regional de Ica) y muchos más pueden dar fe de ello.
Pasemos ahora al Club de los Proveedores, que estafan al Estado a través de la venta de todo tipo de bienes y servicios. Expertos en sobrevaloraciones, adulteraciones, y falsificaciones. Venden medicamentos vencidos o sobrevalorados, alimentos no aptos para consumo humano o podridos, computadoras sin memoria, maquinarias “nuevas” con piezas usadas o simplemente cajas vacías. Todo arreglado bajo la mesa con funcionarios corruptos enquistados en el Estado.
Y termino con el Club de los congresistas, que promulgan leyes con nombres propios. Aquellos que les sacan el jugo a sus inmunidades parlamentarias y que, a la hora de la hora, se blindan entre sí. Ahí están el Club de los mocha sueldos, de los come pollos, de “los niños”, el Club de los congresistas (dueños) de universidades truchas, el Club de los congresistas narcos y mineros ilegales.
Hay otros clubes parecidos como el Club de los Magistrados (jueces y fiscales), el Club del Jurado Electoral (sobre todo en la época de Salas Arenas), el Club de los Colegios Profesionales, el Club de los periodistas mermeleros y chantajistas, el Club de Policías y Militares (infiltrados por narcos, mineros ilegales, contrabandistas y extorsionadores).
Parafraseando a Ortega y Gasset se podría decir: los peruanos somos nosotros y nuestra circunstancia. Y si no la salvamos a ella, no nos salvaremos nosotros.
(*) Exgobernador regional de Ica.

