
El fútbol, como la vida, a veces es injusto y eso pasó el jueves 2 de julio cuando se enfrentaron las selecciones de Croacia y Portugal por los dieciseisavos del Mundial. A las postrimerías del tiempo reglamentario y cuando todo hacía pensar que se jugaría tiempo suplementario, Ramos anotó el gol del triunfo para Portugal, eliminando del torneo a Croacia que había hecho los méritos para ganar el partido y llegaba con mejor físico al alargue.
Dicho partido marcaría la despedida de los mundiales de Cristiano Ronaldo (41) o de Luka Modrić (40), dos grandes que habían compartido gloriosas jornadas en el Real Madrid. Le tocó decir adiós a Modrić. La vida no fue fácil para el “Genio de Zadar”. Con apenas seis años vio cómo la guerra tocaba a su puerta: su abuelo fue ejecutado por milicianos serbios cerca de su casa en Modrići. La familia tuvo que huir con lo puesto, estableciéndose en el hotel Kolovare de Zadar, convertido en un campo de refugiados.
En el hotel encontró su vocación: el fútbol. Teniendo de fondo el sonido de las sirenas antiaéreas el pequeño Luka se divertía esquivando a los rivales en el estacionamiento. La guerra no lo quebró, por el contrario, fortaleció su carácter. Esta fortaleza le ayudó a superar que el Hajduk Split, el club del cual era hincha, lo rechazara por considerarlo muy pequeño y débil para el fútbol profesional. A los 18 años jugó en el Zrinjski Mostar de la liga de Bosnia-Herzegovina, siendo considerado el mejor jugador del torneo.
“Luka Modrić representa los valores de la Croacia moderna: el esfuerzo silencioso, la capacidad de sufrir y la elegancia ante la adversidad”.
Ese logro le valió jugar en el Dinamo, consiguiendo salir tricampeón. De allí pasó a la Premier League, jugando por el Tottenham y luego dio el gran salto al Real Madrid. A nivel de clubes ganó todo y con la selección de Croacia también ha tenido grandes logros. En Francia 1998, juntó al goleador Šuker, llevó a su selección al tercer puesto y en Rusia 2018 al segundo puesto. Si bien el campeón fue Francia, el público se identificó con el equipo de una nación de cuatro millones de habitantes y su “pequeña estrella” se llevó el “Balón de Oro”.
En Qatar 2022 guió al equipo al tercer puesto. “Luka no solo juega al fútbol, hace que todos los que están a su alrededor parezcan mejores futbolistas. Es el motor de nuestra patria”, declaró Zlatko Dalić, entrenador de Croacia. Para un país que buscaba su lugar en el mapa europeo, tras la emancipación en 1991 de la antigua Yugoslavia, la figura de Modrić se convirtió en el mejor embajador posible. Representa los valores de la Croacia moderna: el esfuerzo silencioso, el orgullo de la pertenencia, la capacidad de sufrir y la elegancia ante la adversidad.
(*) Periodista deportivo
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