Opinión

Reservorios, solo reservorios y nada más

Por: Fernando Cillóniz Benavides

La temporada de lluvias 2025-2026 empezó temprano. Desde finales de septiembre tenemos agua en todos nuestros ríos, y la cantidad que se avecina será abundante. Sin embargo, gran parte de esa agua dulce se perderá en el mar. ¿Acaso la situación no se repite cada año? La respuesta es sí: todos los años ocurre lo mismo. A partir de la primavera, los agricultores de Ica y de todo el Perú aguardamos con impaciencia el inicio de las lluvias. Semanas más, semanas menos, las aguas siempre llegan a los valles de la Costa.

Superada la angustia de la espera, surge la preocupación por los desbordes de ríos, inundaciones y huaicos. Pasamos de la falta de agua al exceso. El desafío es claro: ¿cómo controlar la situación durante las lluvias y asegurar agua en los estiajes? La respuesta es sencilla: reservorios, solo reservorios, tal como hicimos en Ica entre 2015 y 2018.

En esos años construimos reservorios pequeños y medianos en las nacientes de las cuencas, sembramos plantaciones forestales y cercamos pastizales para retener el agua y evitar la erosión. Así se enfrenta la escasez en los estiajes y se previenen huaicos y desbordes. Debemos desterrar la idea de que solo las grandes represas solucionarán el problema. No me opongo a los grandes proyectos de irrigación, pero suelen ser costosos, riesgosos y de larguísimo plazo. Algunos quedan en promesas políticas, otros truncos, como Majes Siguas II, Chinecas o Chavimochic III.

También debemos trasvasar aguas sobrantes de cuencas que vierten al Atlántico hacia las deficitarias del Pacífico. Olmos es un ejemplo extraordinario, aunque poco reconocido. Incluso entre cuencas del Pacífico se han logrado trasvases exitosos, como Chavimochic en La Libertad. Para ello necesitamos establecer la “Hermandad del Agua” entre Costa y Sierra. ¿En qué consiste? En dialogar con respeto con nuestros pares andinos, crear Consejos de Cuenca equitativos, compartir aguas trasvasadas y almacenadas de arriba abajo, mantener los ecosistemas naturales desde las nacientes hasta las desembocaduras y establecer un Canon Hídrico financiado por los impuestos de las empresas agrarias de la Costa para construir reservorios y plantaciones forestales.

En las partes bajas de las cuencas debemos infiltrar la mayor cantidad de agua posible durante las avenidas, dar tomas libres en épocas de abundancia y alzar compuertas para que los agricultores rieguen sin limitaciones. Además, debemos tecnificar el riego mediante aspersores o goteros para optimizar el uso del agua regulada. También es necesario tratar las aguas servidas de los centros poblados para reutilizarlas en la agricultura, como ya ocurre en Ica con resultados positivos.

Esta es una política sensata: aumentar la disponibilidad de agua todo el año, sobre todo para la pequeña agricultura, mejorar la productividad y competitividad del agro mediante un vasto programa de Siembra y Cosecha de Agua y la tecnificación del riego en todo el país.

Pero en lugar de reservorios y riego tecnificado, lo que hemos tenido en el agro durante más de veinte años son ministros de Agricultura, politiquería barata, demagogia, consultorías, huaicos, inundaciones, agua dulce perdida en el mar y muy pocos reservorios.

(*) Exgobernador regional de Ica.

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