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Polarización política abre espacio al crimen

  • La persistente confrontación política dificulta la respuesta del Estado frente a la inseguridad, la pobreza y la falta de oportunidades, un escenario que favorece el avance de organizaciones criminales dentro y fuera del país.

    La polarización política suele medirse en votos, pero sus efectos van mucho más allá de las urnas.

    Durante los últimos años, el Perú ha atravesado una sucesión de crisis presidenciales, enfrentamientos entre poderes del Estado y constantes cambios de autoridades. El resultado ha sido una creciente desconfianza ciudadana hacia las instituciones.

    Para el politólogo peruano Alberto Vergara, el país atraviesa un ciclo prolongado de inestabilidad que no parece cerca de terminar.

    «No creer que estas elecciones necesariamente son un punto de ruptura (…) sino que probablemente forman parte de una trayectoria de un ciclo de inestabilidad crónica que no se acaba», señaló recientemente.

    Cuando la política gira alrededor del conflicto permanente, la capacidad del Estado para ejecutar reformas y resolver problemas se reduce considerablemente.
    Problemas sin resolver
    Las consecuencias son visibles. Mientras los actores políticos mantienen sus disputas, millones de peruanos siguen enfrentando dificultades para acceder a empleos formales y mejores oportunidades. Según cifras oficiales, la pobreza afecta a más de una cuarta parte de la población peruana.

    A ello se suma un crecimiento económico que avanza por debajo de su potencial. El jefe de Estudios Económicos del Instituto Peruano de Economía, Martín Valencia, ha advertido que los períodos de incertidumbre suelen afectar las decisiones de inversión y retrasar proyectos que generan empleo.

    «La incertidumbre lleva a muchos inversionistas a postergar decisiones importantes hasta tener mayor claridad sobre el escenario político», explicó el economista.

    El avance de las redes criminales
    Los vacíos que deja un Estado concentrado en disputas políticas suelen ser aprovechados por organizaciones ilegales.

    Las extorsiones, el sicariato, la minería ilegal y la trata de personas se han convertido en amenazas cada vez más visibles en distintas regiones del país. El problema, según expertos en seguridad, es que estas redes crecen con mayor facilidad cuando las instituciones son débiles o carecen de una estrategia sostenida.

    El exministro del Interior Rubén Vargas ha advertido que el crimen organizado se fortalece allí donde el Estado pierde capacidad de control y presencia.

    «No se puede enfrentar a organizaciones criminales complejas con instituciones debilitadas o distraídas por conflictos políticos permanentes», ha sostenido el especialista.

    Un riesgo que cruza fronteras
    La preocupación también tiene una dimensión internacional.

    La combinación de pobreza, falta de oportunidades e inseguridad genera condiciones que pueden ser aprovechadas por redes dedicadas al reclutamiento de personas para actividades ilícitas o conflictos armados en el extranjero.

    En los últimos meses, las autoridades peruanas han seguido casos relacionados con ciudadanos captados mediante falsas ofertas de empleo fuera del país, un fenómeno que ha encendido las alertas sobre la presencia de organizaciones transnacionales que operan aprovechando situaciones de vulnerabilidad.


    El desafío
    Las últimas elecciones demostraron que la polarización política sigue marcando la agenda nacional. Sin embargo, el verdadero reto para el próximo gobierno será evitar que esa división continúe debilitando a las instituciones.

    De lo contrario, problemas como la inseguridad ciudadana, la pobreza y el avance de las redes criminales internacionales seguirán encontrando un terreno favorable para crecer.

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