Los tres socios de la conquista: gloria, codicia y caída
Conquistadores Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque tuvieron destinos diferentes

En 1524, tres hombres sellaron una alianza que cambiaría el destino de un continente: Francisco Pizarro, Diego de Almagro y el clérigo Hernando de Luque firmaron la llamada Capitulación de Panamá, comprometiéndose a conquistar las tierras del sur, entonces envueltas en el misterio del “Birú”. Pizarro aportaría el arrojo militar, Almagro los recursos logísticos, y Luque el respaldo financiero y eclesiástico. Unidos por la ambición, se lanzaron a la empresa que culminaría con la caída del Imperio inca.
Pizarro, el más audaz, fue quien logró entrevistarse con Atahualpa en Cajamarca en 1532. Con apenas 168 hombres, capturó al inca y exigió un rescate colosal en oro y plata. Aunque el rescate se pagó, Atahualpa fue ejecutado. Pizarro fundó Lima en 1535 y se convirtió en gobernador del Perú, pero su poder sembró resentimientos. En 1541, fue asesinado en su palacio por los almagristas, seguidores de Diego de Almagro el Mozo, hijo de su antiguo socio.
Por su parte, Diego Almagro padre, el veterano de mil batallas, se sintió traicionado. Había financiado gran parte de la expedición y esperaba una recompensa equivalente. En 1535 emprendió la fallida conquista de Chile, donde encontró resistencia mapuche y escaso oro. Al regresar, exigió el control del Cusco, lo que lo enfrentó a los hermanos de Pizarro. Derrotado en la batalla de Las Salinas (1538), fue capturado y ejecutado por orden de Hernando Pizarro.
Luque, el menos visible, murió en 1533 en Panamá, poco después de la captura de Atahualpa. No presenció ni la gloria ni la tragedia de sus socios. No pudo tomar posesión del Obispado del Cusco ni participar en la repartición del botín con sus socios. Como representante del poder eclesiástico, su rol fue más diplomático y financiero, pero su nombre quedó ligado al pacto fundacional de la conquista.
Así terminó la historia de los tres socios: uno asesinado, otro ejecutado y el tercero eclipsado por la historia. Unidos por la ambición, divididos por el poder, su alianza fue el preludio de una conquista tan deslumbrante como sangrienta.



