Opinión

Julio Iglesias

Por: Omar Chehade

Quienes somos enamorados de la música romántica, y tenemos como ídolos a cantantes extraordinarios como Julio Iglesias, Raphael, Luis Miguel, José José o Frank Sinatra, tenemos sentimientos encontrados al enterarnos de las graves denuncias de abuso sexual que han hecho algunas de sus trabajadoras contra Julio Iglesias. Para nadie es un secreto de la vida sexual exagerada de Julio, él mismo lo ha reconocido, incluso besando a sus entrevistadoras en vivo y en directo.

Cuando asistí a su último concierto en Lima en mayo de 2012, la verdad que fue una pena verlo, llegábamos con mucha ilusión a escucharlo cantar en el hipódromo de Monterrico. Él es un ícono de la canción romántica, ha cantado en más de siete idiomas, haciendo temblar a hombres y mujeres. Según Forbes, su fortuna hace unos años se calculaba en más de 700 millones de dólares.

Aquella noche cantó poco y mal, casi sin voz, la mayoría de espectadores eran personas de la tercera edad, incluso se le olvidaba las letras de las canciones. Al terminar de interpretar “Quijote”, con muy mal gusto, se acercó a una de sus coristas y le dio un beso prolongado en la boca, ante el estupor de las viejitas que habían ido especialmente a ver a su ídolo.

Este artículo no tiene por objeto criticar su comprobada calidad de mujeriego, ¿quién soy yo para poder hacerlo? ¿Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra? Ese no es el asunto. Pero una cosa es ser mujeriego, y otra cosa es ser un esclavista sexual, un acosador o violador, que son delitos bastante graves, con penas severas, porque por más dinero que tenga no le da derecho a abusar de la libertad sexual de nadie, ni de una prostituta siquiera.

Las denuncias de dos jóvenes dominicanas que trabajaron para Julio Iglesias en Punta Cana, relatan que el cantante de casi 80 años, después de masajearlo, las obligaban a practicarle varias perversiones sexuales, como “el beso negro”, la felatio in ore, el inter fémora, el cunilinguis, tríos, sexo anal, incluso que le metieran sus dedos por el ano del cantante para experimentar placer, luego las sometería sexualmente aprovechando la condición de ventaja que él tenía sobre ellas. Ya comenzaron hablar otras víctimas.

Es realmente penoso, de comprobarse las denuncias, que un personaje que con sus dulces canciones conmovió a varias generaciones con su arte, en el epílogo de su vida, se haya convertido en un despojo moral. Incluso obligaba a sus empleadas antes de trabajar con él, a presentarle exámenes de descarte del VIH SIDA o de enfermedades venéreas. Insólito, Con el único propósito de no contagiarse de ellas.

El sadismo con que se ha relatado las historias de Julio, llama poderosamente la atención. Como abogado solo esperamos que el principio de presunción de inocencia de Julio, subsista, y que esto no sea más que una verdadera infamia, aunque por lo visto Julio Iglesias se encuentra en su hora más difícil, justo cuando posee 82 calendarios. Una pena realmente para los que siempre hemos admirado su música y su arte.

(*) Exvicepresidente del Perú.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba