
Quiero felicitar el discurso de Keiko Fujimori por poner nuevamente sobre la mesa una prioridad que Lima ya no puede seguir postergando: el Metro. Lima llegó a un punto en el que construir más avenidas para resolver el tráfico ya no es una solución. Podemos ampliar pistas, construir intercambios y abrir nuevos carriles, pero mientras sigamos aumentando el número de automóviles, la congestión volverá.
La evidencia económica y urbana demuestra que, cuando se aumenta la capacidad vial, también aumenta el uso del automóvil y, con el tiempo, vuelve el congestionamiento. Por eso, Lima no necesita más autos: necesita transportar personas. Y para una ciudad de esta dimensión, la solución estructural es una gran red de transporte masivo con las seis líneas del Metro funcionando e integradas entre sí, alimentadas por buses y complementadas por trenes de cercanías. El problema es que el Estado tiene una enorme dificultad para ejecutar infraestructura con la velocidad que el país necesita.
La Línea 2 es el mejor ejemplo. Fue concesionada en 2014 y, 12 años después, todavía no tenemos la línea completa funcionando. No es razonable que una ciudad que pierde millones de horas al año en el tráfico tenga que esperar más de una década por una obra de esta importancia. Tenemos que cambiar la manera de hacer infraestructura. Las Líneas 3, 4, 5 y 6 no pueden esperar a que termine una para comenzar la siguiente. Deben avanzar en paralelo, con estudios, terrenos, financiamiento, concesiones y construcción desarrollándose simultáneamente. El objetivo debe ser tener las seis líneas terminadas en el menor plazo técnicamente posible. Lima no puede seguir esperando décadas para tener el sistema de transporte que necesita. Tampoco podemos depender exclusivamente de los buses. Los buses deben alimentar las estaciones del Metro y permitir que las personas lleguen rápidamente a ellas.
El Metro tiene que ser la columna vertebral del transporte de Lima. Y junto al Metro necesitamos una red de trenes de cercanías que conecte Lima con las ciudades y poblaciones de su entorno. Aquí resulta particularmente difícil entender lo que ocurre con el tren Lima-Chosica. Los trenes ya están en Chosica y han sido sometidos a mantenimiento, pero los ciudadanos siguen esperando que se resuelvan los problemas administrativos, contractuales y de infraestructura necesarios para ponerlos en servicio. Si existe una alternativa técnicamente segura para comenzar a operar mientras se completa la solución definitiva, debemos hacerlo. Si hay que modificar un contrato, hacerlo. Si hay que contratar un operador, contratarlo.
Si hay que habilitar infraestructura, habilitarla. No podemos convertir cada trámite o cada requisito burocrático en una razón para que miles de ciudadanos sigan esperando. El tren Lima-Chosica no es solamente una obra para Chosica: es una solución para todo el eje de la Carretera Central, para trabajadores, estudiantes, comerciantes y miles de familias que diariamente pierden horas atrapados en el tráfico. Lima necesita una visión distinta. No se trata de estar contra los automóviles ni contra los buses. Se trata de entender que una metrópoli moderna no puede organizar su crecimiento alrededor del automóvil particular. No podemos seguir construyendo pistas para que mañana vuelvan a llenarse de autos. Tenemos que construir el Metro, desarrollar trenes de cercanías e integrar todo el sistema de transporte. Y tenemos que exigirle al Estado algo que durante demasiado tiempo ha parecido imposible: que sea capaz de ejecutar grandes obras en años y no en décadas. Lima ya no da para más. El futuro del transporte de Lima no está en vender más autos: está en mover millones de personas de manera rápida, segura y eficiente sobre rieles.
(*) Abogado, Ph. D (c
