
Quizá la peor secuela de unir a Balcázar como presidente encargado sea el bloquear –sin desearlo, más objetivo y real– la campaña electoral en ciernes. ¡Es demasiado grave! El tinglado plebiscitario que toda democracia utiliza para elegir a sus autoridades: la movilización ciudadana, el debate público, la competencia electoral y el ejercicio del sufragio, finalmente se ven afectados por la imposición de una agenda que no corresponde a las elecciones populares.
En lugar de que la atención se fije en las ideas, los planes de gobierno y el examen de los candidatos, el escenario político reproducido por la prensa se satura de lamentos, incordios y especulaciones; ecos de la nefasta decisión congresal del 18 de febrero pasado. Una monserga que no tiene cuándo acabar. Los promotores de la estulticia, obcecados en culparse mutuamente, no se percatan de que estamos ad portas de la fecha electoral, que más del 40% de los votantes no saben por quién hacerlo y que las preferencias pueden cambiar en un instante.
En esta atmósfera de volatilidad extrema, donde nada está definido, los insensatos capitostes de la derecha peruana no advierten que Perú Libre en el Gobierno utilizará la fuerza estatal, los servicios de inteligencia y los recursos públicos para condicionar al electorado, pasar a la segunda vuelta y, probablemente, ganar los comicios, como en 2021. ¡Sí, pero con mayor riesgo y peligro!
¡No exageramos! Porque a la vista de todos hay una carencia de liderazgo efectivo por parte de quienes se reputan demócratas, defensores de la constitucionalidad y del libre mercado. No supieron mantener el legado de lucha republicana que nos libró de la amenaza castillista, confundieron el respeto a la sucesión constitucional con la tolerancia e, incluso, complicidad con las trapacerías de Dina Boluarte. Y como acto final, volvieron a entregar el poder al partido de Vladimir Cerrón. Pero habría un crimen mayor.
No pueden o no quieren desactivar los explosivos que polarizan a la derecha y al campo democrático. No lo hacen porque se niegan a reconocer sus errores en el trasiego de Jerí a Balcázar. Y en vez de una honesta autocrítica, con furor infantil insisten en recriminarse. Hasta ahora, sin tomar conciencia del avance izquierdista y caviar. De esta manera traicionan al país e incumplen su deber de sacar cara por la democracia peruana.
(*) Abogado constitucionalista.

