Opinión

La factura oculta de la gasolina: ¿cuánto estamos pagando por Talara?

Por: Emilio Rossi Ferreyros

Cada vez que un peruano llena el tanque de su automóvil, la explicación sobre el precio de la gasolina suele apuntar al petróleo internacional, al dólar o a los impuestos. Todos esos factores influyen. Pero existe otra parte de la historia que merece ser discutida: cuánto le están costando al país la refinería de Talara y la situación financiera de Petroperú.

Petroperú no decide por sí sola el precio de la gasolina. El precio interno está relacionado con las cotizaciones internacionales, el tipo de cambio, los impuestos, el transporte, el almacenamiento y los márgenes de comercialización. Por eso, sería incorrecto afirmar que Talara explica directamente el precio que pagamos en el grifo.

El problema está en otro lugar. La nueva refinería significó una inversión mucho mayor de la prevista originalmente y generó una importante carga financiera para Petroperú. Un reciente estudio académico de la Pontificia Universidad Católica del Perú concluye que el proyecto presenta una rentabilidad económica negativa y que la refinería viene operando por debajo de la capacidad técnica prevista.

Por eso, la discusión no debería ser solamente cuánto cuesta la gasolina, sino cuánto cuesta mantener todo el sistema.

Los estados financieros de Petroperú permiten identificar que una parte importante de su endeudamiento está relacionada con Talara y otra con el capital de trabajo de la empresa. La discusión pendiente es conocer con claridad cómo se distribuyen sus costos entre adquisición de petróleo, refinación, transporte, almacenamiento, comercialización, administración y financiamiento. Solo así podemos saber dónde se generan realmente sus pérdidas y cuánto termina siendo asumido por el Estado.

Esto es especialmente relevante porque Petroperú compite en el mercado con empresas privadas y comercializa combustibles cuyos precios están condicionados por referencias internacionales. Si los precios de venta son comparables, la diferencia debe buscarse en la estructura de costos y en la carga financiera de cada empresa, no simplemente en el precio del combustible.

Pero existe una paradoja todavía mayor. El Perú ha invertido enormes recursos para aumentar su capacidad de refinación, mientras que nuestra producción nacional de petróleo sigue siendo insuficiente para abastecer nuestras necesidades.

El Estado tiene la obligación de proteger el ambiente y respetar los derechos de las comunidades. Pero también tiene la responsabilidad de crear reglas claras y mecanismos eficaces para que la inversión pueda desarrollarse cuando cumple con esas exigencias. No podemos resolver el problema simplemente paralizando la exploración.

Con el gas ocurre algo parecido. Camisea transformó nuestra matriz energética, pero depender durante demasiado tiempo de unas pocas grandes reservas sin desarrollar nuevos proyectos aumenta nuestra vulnerabilidad. El problema, entonces, no es solamente Talara. Es la falta de una estrategia energética de largo plazo.

Necesitamos una Petroperú eficiente y transparente, capaz de explicar claramente sus costos y dejar de depender recurrentemente del respaldo financiero del Estado. Necesitamos también nuevas inversiones en exploración y producción de petróleo y gas, con reglas claras, protección ambiental y respeto a las poblaciones locales.

Talara ya está construida. Ahora debemos conseguir que funcione eficientemente y que la enorme inversión realizada tenga una justificación económica.

Pero también debemos asegurarnos de tener petróleo y gas suficientes para los próximos veinte años.

Porque podemos tener una gran refinería, pero si no tenemos suficiente petróleo que refinar, seguiremos dependiendo del exterior. Y, si además mantenemos una empresa estatal con una pesada carga financiera, el costo terminará llegando, de una u otra manera, a todos los peruanos.

(*) Abogado, Ph. D (c)

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