
Todos sabemos que la desastrosa economía venezolana no se sostiene necesariamente por el abundante petróleo caribeño, sino que subsiste por negociados ya conocidos, a través de una poderosísima alianza política militar institucionalizada y presidida por Diosdado Cabello, el supuesto todopoderoso jefe de facto del régimen.
Este grupete, entronizado con epicentro en Caracas, es más sofisticado política, militar y económicamente que una simple dictadura marxista donde por la fortaleza ideológica del líder coyuntural – llámese Hugo Chavez y Maduro- se sostenía en el tiempo, hasta la intervención norteamericana.
Este gobierno resalta como una costra con profundas ramificaciones dentro del aparato estatal compuesto por altos oficiales vinculados al crimen organizado internacional respaldados por grupos dentro de las ramas de las Fuerzas Armadas venezolanas como el Ejército, el SEBIN, y bloques afines en todos los niveles y rangos militares.
Un país quebrado, con hiperinflación estratosférica y una diáspora de casi ocho millones de venezolanos en una de las migraciones masivas más grandes de la historia latinoamericana con gravísimos “síntomas de putrefacción” como decía Vargas Llosa, es lo que ellos dejan como legado.
Venezuela está tan mal como la misma Cuba. Exportan muy poco petróleo, debido al robo y la pésima gestión gubernamental, tienen retraso en infraestructura como país, de 60 años y Maduro es más rico que Bill Gates.
Se comenta en medios criptográficos que ellos tienen 6,000 millones de dólares venezolanos en bitcoin escondidos.
El castro-madurismo políticamente se constituye vital en sus tácticas, maximizada por la línea “antiimperialista” de estados comunistas como Nicaragua, presidida por Daniel Ortega y Corea del Norte, unidos, no solamente por la doctrina antiyanqui, sino por intereses globales.
Lo cierto es que este gobierno bolivariano caerá pulverizado muy pronto. Delcy, por más dura y radical como parece, no resistirá demasiado ante la ofensiva norteamericana.
El bravucón Maduro, que gritaba a los cuatro vientos insultando a Trump, terminó como un gatito ronronero y posiblemente sea condenado a cadena perpetua, salvo, que se convierta en colaborador eficaz y cante en siete idiomas quiénes más están involucrados en los ilícitos penales cometidos durante tantos años. Su futuro está escrito y es negro como la noche
(*) Analista político
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