Opinión

Keiko necesita un nuevo “5 de abril”, pero esta vez democrático

Por: Emilio Rossi Ferreyros

El Perú no necesita otro golpe de Estado. Lo que necesita es un golpe contra la ineficiencia, la corrupción, la delincuencia y la burocracia que han convertido al Estado en un obstáculo para el progreso de los ciudadanos.

A partir del 28 de julio, no bastará con administrar el mismo sistema que ha fracasado durante décadas. El país exige un cambio de rumbo profundo desde el primer día. Un “nuevo 5 de abril”, entendido no como la ruptura de la democracia, sino como una transformación radical de la forma de gobernar.

Los peruanos viven hoy con miedo. El sicariato, la extorsión y el crimen organizado se expanden mientras las instituciones reaccionan lentamente. La economía crece por debajo de su potencial, la inversión enfrenta trabas interminables y millones de ciudadanos sienten que el Estado solo aparece para cobrar impuestos o imponer sanciones, pero no para protegerlos ni brindar servicios de calidad.

El verdadero cambio debe empezar por una reforma integral del Estado. Un Ejecutivo con capacidad de decisión, un Congreso que apruebe reformas estructurales en lugar de leyes populistas y un sistema de justicia que castigue con rapidez a los criminales y a los corruptos. No basta con cambiar autoridades; hay que cambiar las reglas, los incentivos y la cultura de gestión pública.

Ese cambio también exige simplificar radicalmente los trámites, eliminar regulaciones innecesarias, acelerar la inversión privada, modernizar la Policía, fortalecer la inteligencia contra el crimen organizado y evaluar permanentemente el desempeño de los funcionarios públicos. El Estado debe dejar de ser un freno y convertirse en un aliado del ciudadano.

La historia demuestra que los países que lograron grandes transformaciones no lo hicieron administrando la inercia, sino tomando decisiones firmes y rápidas dentro del marco de la ley. El Perú necesita esa determinación.

No se trata de repetir el 5 de abril de 1992. Se trata de hacer lo que entonces no pudo hacerse plenamente: construir un Estado eficiente, moderno y respetuoso de la Constitución, capaz de garantizar seguridad, justicia y oportunidades para todos.

Si el próximo gobierno pretende administrar el país con la misma velocidad, los mismos procedimientos y la misma burocracia de siempre, obtendrá los mismos resultados de siempre. El Perú ya no necesita pequeños ajustes. Necesita una transformación democrática que marque un antes y un después en la historia republicana.

(*) Abogado, Ph. D (c)

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