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Juntos: 21 años acompañando historias de esfuerzo y oportunidades 

  • *Una emprendedora, una joven que llegó a la universidad y un exusuario que hoy trabaja en el programa cuentan cómo sus vidas se cruzaron con Juntos

Hace ya 21 años, el programa Juntos inició su trabajo en Chuschi, ciudad emblemática de Ayacucho, atendiendo a 805 hogares. Actualmente, el programa del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis) cuenta con 792 000 hogares en todas las regiones del país. Desde entonces, mucha agua ha pasado bajo el puente y miles de familias han logrado cambiar sus vidas.

Pero detrás de las cifras hay historias reales. Historias como las de Milena, Ana y Lino, tres personas cuyos caminos se cruzaron con Juntos en distintos momentos de sus vidas y que hoy representan diferentes maneras de avanzar hacia nuevas oportunidades.

*Una pasión convertida en emprendimiento*
Ludmir Milena Chávez Alvarado vive en Recuay, Áncash. Es usuaria del programa Juntos desde 2024 y creadora de D MILE, un emprendimiento de pastelería y repostería que combina dos de sus pasiones: la cocina y el dibujo.

Durante tres años estudió Pastelería y Repostería en el Politécnico Señor de la Soledad, donde aprendió a preparar kekes, pasteles, masa elástica, chantillí y diversos bocaditos dulces y salados.

Pero Milena no solo prepara sus tortas, también las “dibuja”. Los personajes que desde niña plasmaba en sus cuadernos ahora cobran vida en sus creaciones. El Hombre Araña, Gokú, Minnie Mouse o el Chavo del 8 son algunos de los diseños que ofrece a sus clientes.

Cada pedido es elaborado artesanalmente y con atención a los detalles. Y, cuando sus clientes lo solicitan, D MILE también ofrece alfajores, cachitos, empanadas, enrollados y otros productos.

Pero emprender no es sencillo. Por eso, a través de la estrategia Mi Independencia Económica, impulsada por el programa Juntos, Milena ha participado en talleres sobre las características de un emprendimiento exitoso y la importancia de la atención al cliente. Así, una afición que nació en la infancia empieza a convertirse en una oportunidad para construir su propio camino.

*El sueño de volver a la comunidad*
En la comunidad nativa de Wawas, en el distrito de Imaza, provincia de Bagua, Ana Wajajai Savio creció entre caminatas a la chacra, baños en el río y tardes de juego con sus compañeros de escuela.

La distancia también marcó su infancia. Wawas se encuentra a dos horas de Bagua (capital) y, durante la pandemia, la falta de conectividad convirtió la educación virtual en un desafío. Buscar una señal de internet para ingresar a las clases se volvió parte de su rutina. A veces lo conseguía; otras, no. Pero nunca dejó de estudiar.

Su esfuerzo dio resultados. Al terminar la secundaria, ocupó el primer puesto de su promoción y decidió postular a Beca 18 con el objetivo de convertirse en educadora intercultural bilingüe.

Para prepararse, contó con los ahorros del incentivo monetario que recibía su madre como usuaria de Juntos y con los ingresos obtenidos de sus trabajos de bisutería. Los gestores locales del programa también la acompañaron durante el proceso de inscripción.

Finalmente, recibió la noticia que esperaba: había obtenido una vacante de Beca 18 en la modalidad de Comunidades Nativas Amazónicas. A los 19 años dejó Wawas para estudiar Educación Inicial Intercultural Bilingüe en la Universidad Peruana Cayetano Heredia, donde actualmente cursa el cuarto ciclo.

Adaptarse a Lima no ha sido sencillo. Extraña la tranquilidad de su comunidad, pero mantiene claro su objetivo: terminar la carrera y regresar para enseñar a las nuevas generaciones sin que pierdan su identidad.

*De usuario a gestor de Juntos*
La historia de Lino Velas Gonzales es particular. Nació en Suny Playa, un caserío del distrito de Yurimaguas, en Loreto, donde cursó sus primeros años de estudio.

Cuando estaba culminando la primaria, su hogar pasó a formar parte del programa Juntos. Años después, tras estudiar Administración de Empresas y desempeñarse en distintos trabajos, encontró en las redes sociales una convocatoria del mismo programa al que había pertenecido de niño.

Decidió postular y se incorporó como operador de campo. Esta vez, sin embargo, conoció Juntos desde el otro lado: ya no como integrante de un hogar usuario, sino como parte del equipo que acompaña a las familias en el cumplimiento de sus compromisos y las acerca a los servicios del Estado.

Para Lino, volver a Juntos significó reencontrarse con una parte de su propia historia y, al mismo tiempo, asumir la oportunidad de acompañar a otras familias.

“Si tuviera la oportunidad de regresar en el tiempo y encontrarme con aquel niño que soñaba en Suny Playa con ser profesional y sacar adelante a su familia, le diría que no tenga miedo de soñar, aunque muchas veces el camino parezca difícil. Sigue estudiando, esfuérzate y nunca pierdas la confianza en ti mismo”, comenta con nostalgia.

Milena, Ana y Lino tomaron caminos diferentes. Una encontró en su talento una oportunidad para emprender; otra convirtió las dificultades de su comunidad en motivación para llegar a la universidad; y el tercero regresó al programa que acompañó a su familia para convertirse ahora en gestor.

Son historias distintas, pero con algo en común: muestran que detrás de los hogares que atiende Juntos hay personas con capacidades, esfuerzos y proyectos propios. Después de 21 años, las cifras cuentan una parte de la historia. La otra está en quienes, como ellos, siguen avanzando y construyendo nuevas oportunidades.

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