
El presidente interino José Jerí repite el error de la expresidenta Dina Boluarte al afirmar que su gestión “combatirá” la criminalidad. Eso no es posible, las condiciones y los diversos factores en juego hacen imposible que esto pueda suceder. El problema de la delincuencia es estructural en nuestras sociedades latinoamericanas y no se puede combatir en uno o dos años, ni siquiera en un solo periodo presidencial. Se necesitan políticas de Estado transversales a mediano y largo plazo.
Lo que en estos momentos de crisis de la seguridad ciudadana sí es posible hacer es evitar que el crimen siga creciendo y empezar a disminuir su accionar hasta alcanzar lo que se conoce como “cifras tolerables de inseguridad”, un estándar internacional que es resultado del promedio de varios países y que no representa una amenaza para la economía, la estabilidad política ni la gobernabilidad como sucede en estos instantes.
El Gobierno debe entender que no basta con adquirir patrulleros, uniformes o armamento. Se necesita inteligencia estratégica, no para confrontar directamente a los delincuentes, sino para anticiparse a su accionar. Un policía sin entrenamiento, protección legal ni equipamiento adecuado está más expuesto al peligro. Desde Aprosec advertimos que no se debe exponer a la ciudadanía a escenarios de guerra urbana, como ocurrió en Río de Janeiro. La seguridad debe ser preventiva, basada en información precisa y uso inteligente del dato para evitar la violencia.
En este escenario, la inteligencia vecinal surge como una herramienta efectiva, inmediata y humana. No reemplaza a la policía, pero la complementa desde la base: los vecinos. Calles, edificios y comunidades pueden convertirse en redes activas de vigilancia que reduzcan las oportunidades del crimen.
Este enfoque implica observar el entorno de forma sistemática, registrar patrones sospechosos y compartir información verificada con las autoridades. La clave no está en enfrentar a los delincuentes —riesgoso y contraproducente—, sino en limitar sus espacios de acción mediante cooperación ciudadana. Ciudades como Bogotá, Medellín y varias en México han implementado estrategias similares con buenos resultados. Frentes de seguridad, corresponsabilidad comunitaria y redes de vecinos vigilantes han logrado disminuir delitos y fortalecer el tejido social.
En Perú, donde la sensación de inseguridad supera el 80 % según el INEI (2025), la inteligencia vecinal puede ser una respuesta concreta ante la desconfianza institucional. Los vecinos conocen mejor su entorno: quién vive, qué vehículos circulan, qué horarios son habituales. Esa información, inaccesible para la policía sin apoyo ciudadano, permite anticipar delitos y actuar preventivamente.
Estrategias clave:
- Formación de comités vecinales con voceros que coordinen con comisarías o serenazgo.
- Uso de aplicaciones de mensajería para alertas rápidas, evitando rumores o noticias falsas.
- Registro de incidentes: horarios, placas, comportamientos inusuales.
- Talleres sobre seguridad, prevención y manejo de crisis.
- Mejora del entorno: iluminación, cámaras comunitarias, espacios limpios.
- Coordinación con autoridades locales para fortalecer la respuesta ante emergencias.
La inteligencia vecinal refuerza el capital social —confianza y cooperación— debilitado por el miedo y el aislamiento. Cuando los vecinos se conocen, se cuidan. Cuando se comunican, se protegen. Y cuando se organizan, el delito retrocede. La seguridad no empieza en los cuarteles: empieza en la puerta de casa.
(*) Presidente de Aprosec.

