
El lunes 27 de octubre nos dejó físicamente mi dilecto amigo Héctor López Martínez, uno de los historiadores clásicos de nuestro país quien era el último exponente y nexo generacional entre los grandes historiadores del siglo XX con los de la actualidad. Fue discípulo cercano de Víctor Andrés Belaunde junto con César Pacheco Vélez y José Agustín de la Puente y Candamo.
Alumno en la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde obtuvo el doctorado en Letras con especialidad en Historia y Geografía. Su prolífica obra escrita es de centenares de artículos aparecidos en el diario El Comercio y publicaciones especificas donde destacamos: “Piérola y la Defensa de Lima”; “Guerra con Chile Episodios y Personajes”; “Historia Marítima del Perú” (Tomos IX y X) y hace más de un mes presentó un último esfuerzo editorial por intermedio Instituto de Estudios Históricos Marítimos del Perú. Lo que demuestra que ha estado permanentemente trabajando y produciendo hasta que sus fuerzas no le ayudaron a continuar.
Fue secretario permanente de la UNESCO en el Perú; director de Organismos Internacionales del Ministerio de Educación Pública durante el primer gobierno del arquitecto Fernando Belaúnde (1963-1968). En el segundo gobierno de Belaúnde fue viceministro del Interior (1980-1983) de los ministros José María de la Jara y Ureta y José Gagliardi Schiafino (este era el nivel de los funcionarios que se tenía en el ministerio del Interior); director de la Biblioteca Nacional (1983-1984) y asesor de la PCM (1984-1985). Ha sido parte de la Comisión Consultiva del Ministerio de Relaciones Exteriores (1980-1985) y asesor en asuntos históricos de la Dirección de Intereses Marítimos de la Marina de Guerra del Perú.
Héctor López Martínez ha sido siempre parte del staff del diario “El Comercio” al que llegó en 1969 como jefe de la página editorial en momentos que se afianzaba la dictadura militar velasquista. En 1979 retorna al diario a instancias y coordinaciones entre los militares con los antiguos propietarios y en 1980 al no poderse aprobar una ley inmediatamente ante un congreso recién instalado, el nuevo gobierno consultó con los dueños de los medios de comunicación y estos dieron los nombres de los directores para la transición hasta que se apruebe la norma que anule la confiscación. La familia Miro Quesada optó por la continuidad de Héctor López Martínez como director ocasional de aquella transición donde los medios de comunicación iban a recobrar su independen- cia después de varios años en que fueron convertidos en panegiristas de la revolución militar.
En nuestras conversaciones sobre la guerra de 1879, López Martínez tenía apreciaciones ilustrativas y coincidía conmigo en que al general Prado le interesaba el dominio del poder antes que contar con la idoneidad de personas en los cargos, porque Prado en Arica más parecía vegetar y hacer poco o nada como así lo establecen las crónicas del momento, por eso Héctor López me dijo:
“Buendía para los parámetros de la época era ya una persona bastante mayor y estaba en la situación de retiro… y lo patético fue después!!!, el vicepresidente enfermo en cama durante casi todo el tiempo y el ministro de la Guerra que era Mendiburu, (personaje que conoces perfectamente) un personaje por muchos conceptos loable estaba también muy enfermo y que no tenía absolutamente ninguna de las condiciones operativas para poder actuar en una situación de esa naturaleza. Mendiburu era fundamentalmente un académico y lo que se necesitaba era un general, un oficial que estuviera las 24 horas trabajando para solucionar los problemas que generaba la guerra. Ese momento fue de una verdadera tragedia verdaderamente…”
Qué difícil será ahora no tener cerca a este amigo que me acercaba a los documentos, la historia y las investigaciones; a quien consultaba frecuentemente por temas históricos que nos eran común y que me llamaba para conocer mis nuevos descubrimientos documentales. Hoy que estoy culminando la segunda edición corregida y aumentada de “El Expediente Prado”, había conversado con Héctor para que lo prologue; su ausencia tan sentida me impedirá no contar con sus valiosos aportes. Q. E. P. D.
(*) Abogado y excongresista.

