
El Perú lleva cuarenta años atrapado en un ciclo de corrupción que ha alcanzado a casi todos sus gobernantes. La lista es contundente: Alan García, con graves denuncias; Alberto Fujimori, condenado; Alejandro Toledo, sentenciado con dos penas, la mayor por 20 años y 6 meses; Pedro Pablo Kuczynski, procesado; Ollanta Humala, sentenciado a 15 años; Martín Vizcarra, sentenciado a 14 años; y Dina Boluarte, con graves denuncias. No se trata de hechos aislados: es un patrón que revela un Estado capturado por redes de poder que han convertido la función pública en una fuente de privilegios y protección.
¿Por qué ocurre? Porque las estructuras del Estado siguen diseñadas para permitir la impunidad. Persisten fiscalías politizadas y corrompidas, un Poder Judicial penetrado por intereses oscuros y partidos que funcionan como maquinarias electorales al servicio de sí mismas y no del país, donde todo opera para esos partidos y no para los ciudadanos. A esto se suma un Congreso que legisla según sus conveniencias y una administración pública sin meritocracia ni sanción efectiva. El resultado es un sistema que reproduce la corrupción, gobierno tras gobierno.
Ante esta realidad, Perú Acción plantea una ruptura total. Y lo hace con una convicción firme: la corrupción no se derrota con discursos, sino con una Revolución Pacífica, basada en reformas profundas y aplicables desde el primer día. Las principales son:
Crear el Consejo Nacional de Moral Pública, un ente independiente encargado de revisar leyes procrimen, evaluar la conducta de altos funcionarios y suspender, destituir y sancionar cuando sea necesario. Implantar una Carrera Pública Meritocrática, que impida que los cargos del Estado sean botín político.
Fortalecer la justicia anticorrupción, seleccionando magistrados por mérito verificable y protegiéndolos de presiones políticas. Eliminar el financiamiento oscuro, con auditorías reales y sanciones inmediatas.
Hacer trazable todo el gasto público, usando tecnología e inteligencia artificial para blindarlo frente a redes corruptas.
El Perú sí puede cerrar esta larga era de corrupción. Con decisión, liderazgo y una revolución pacífica, como la que propone Perú Acción, es posible construir un país honesto, moderno y justo.
(*) Presidente de Perú Nación.
Presidente del Consejo por la Paz.