
Como líder política y mujer de servicio, no puedo ver la saga del expresidente Martín Vizcarra solo como un caso más de corrupción. Lo veo como un momento decisivo para nuestra República, una prueba de fuego sobre si nuestras instituciones finalmente han madurado para defender el principio más sagrado: Nadie, sin excepción, está por encima de la Ley.
La contundencia de las decisiones judiciales y la inhabilitación no deben ser celebradas como una victoria personal o política. Deben ser entendidas como un acto de justicia institucional necesario para cerrar el capítulo de la impunidad en el Perú.
La corrupción tiene un rostro femenino
Para quienes estamos en la primera línea de la gestión social, sabemos que la corrupción tiene un costo humano. Cada sol desviado por un funcionario, cada coima aceptada por un exmandatario, es un hospital que no se construyó, una escuela sin techo o una mujer que no recibió la protección necesaria. El dinero robado siempre golpea más fuerte a los más vulnerables, a las familias y a las comunidades que representamos.
El fracaso de Vizcarra no es solo el fracaso de un hombre; es el fracaso de un modelo de poder vertical que ha utilizado la popularidad como un escudo y la demagogia como una herramienta para eludir la rendición de cuentas.
Exigir integridad: el nuevo liderazgo
Mi enfoque, y el enfoque de un liderazgo basado en la integridad, se centra en lo que viene después de la sentencia. La ley ha sancionado al exmandatario, y la justicia está cumpliendo su parte. Ahora, nos toca a nosotros, los líderes y la ciudadanía, garantizar que este principio sea la base de la nueva institucionalidad. No podemos permitir que el próximo líder, sea hombre o mujer, crea que el poder es una patente de corso. Por eso, mi exigencia es doble: Fortalecer la Institucionalidad: Exigimos una Fiscalía y un Poder Judicial con los recursos y la independencia necesarios para llevar estos casos hasta las últimas consecuencias. Cultura de Transparencia: Necesitamos una cultura política donde la honestidad no sea una excepción, sino el requisito mínimo para postular a cualquier cargo.
El llamado a la ciudadanía
La captura de la impunidad de un exmandatario es nuestra oportunidad para trazar una línea en la historia. Como mujer líder, mi llamado es directo a la ciudadanía, y en especial a las mujeres: somos nosotras quienes debemos exigir la máxima ética y transparencia en cada proceso electoral. Que el caso Vizcarra sea la última gran lección de que no hay popularidad ni cargo que valga ante el respeto irrestricto de la ley. El Perú necesita líderes que no solo cumplan la Ley, sino que la honren con el servicio y la integridad.
(*) Comunicadora digital con servicio público, filósofa, periodista colegiada, docente, estratega, mujer líder del siglo XXI.
