Entre pantallas y realidad: el voto en tiempos de redes sociales
Por: Rafael Velásquez Soriano

Hoy, la política también vive en una pantalla. Basta abrir el teléfono para encontrar mensajes, videos breves y frases diseñadas para impactar. Las campañas ya no solo visitan plazas; ahora llegan a cada celular. En ese entorno, muchos ciudadanos forman su opinión política a partir de lo que aparece en las redes sociales.
Aunque las plataformas digitales tienen ventajas claras, como acercar al candidato, permitir conocer sus posturas y facilitar el acceso a información, el problema surge cuando la imagen pesa más que el contenido. En pocas palabras, un video atractivo puede influir más que un plan de gobierno con propuestas claras y viables.
Si apelamos a la lógica digital, vemos que premia lo breve, lo emocional y lo polémico. En redes sociales, un mensaje sereno casi nunca se vuelve tendencia porque se considera “aburrido”, mientras que una frase provocadora se viraliza en cuestión de minutos. Así, el debate público pierde profundidad y la política corre el riesgo de parecer un espectáculo más que un servicio.
Por ese motivo, muchos candidatos adaptan su estrategia a ese terreno. Publican escenas familiares, responden comentarios y cuidan cada detalle de su perfil. Esa cercanía con sus posibles electores puede mostrar rasgos personales, pero no garantiza capacidad para gobernar ni resolver problemas complejos.
Sin embargo, el voto tiene efectos reales: define la economía, la seguridad, la educación y las oportunidades de desarrollo para millones de personas. Por eso preocupa que una decisión tan importante se base solo en simpatía digital. La pantalla muestra una parte, pero la realidad exige carácter y un equipo técnico comprobado que respalde al candidato.
La responsabilidad también recae en el elector, que debe contrastar la información, revisar trayectorias y escuchar propuestas completas. No se puede definir el voto solo por lo “bonito” que publica un candidato en redes sociales. La democracia digital ofrece herramientas valiosas, pero exige criterio y memoria.
Al final, una elección no se decide solo con likes, porque un país no se conduce con filtros ni con frases virales, sino con decisiones firmes y visión de futuro. Entre pantallas y realidad, el voto debe pensar en el día después de la elección, cuando la vida continúa y las decisiones pesan.
(*) Abogado y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima.
