
Desde que el presidente colombiano Gustavo Petro dio inicio a cuestionar la peruanidad de la Isla Chinería que hoy es parte del distrito de Santa Rosa en el extremo norte de nuestra frontera con Colombia y Brasil, han salido una serie de interpretaciones respecto del tratado Salomón Lozano que se alejan de lo que ocurrió en lo que hemos llamado “la excesiva generosidad del Perú” al permitirle un acceso artificial a Colombia al gran río Amazonas.
Colombia nunca llegó al Amazonas, por eso puso en duda la Real Cédula de 1802 que era nuestro título sobre la margen izquierda del gran río, y nuestra historiografía ha olvidado que la Real Cedula de 1802 fue confirmada por otra dada en San Lorenzo el 24/10/1807 y otra suscrita en Madrid el 17/6/1819, siendo estas cédulas acatadas por los virreyes del Perú y Nueva Granada consolidando nuestra presencia sobre el territorio de la Comandancia General de Maynas.
El largo proceso por la definición de nuestros límites con Colombia cambió de un momento a otro cuando Ecuador y Colombia firmaron el tratado Muñoz Vernaza – Suarez el 15/7/1916. Por este acuerdo ambos países se repartían territorios donde el Perú ejercía su soberanía plenamente y los suscribientes no tenían una sola población en ninguna de las riberas del Amazonas y menos del Marañón.
Nuestra diplomacia protestó y así también se iniciaron los acercamientos con Colombia con el propósito que este país reconozca nuestros derechos con algunas concesiones. Todo cambia cuando llega al poder Leguía y entre gallos y media noche se firma en Lima el tratado Salomón–Lozano el 24/3/1922, permitiéndole como ya hemos dicho un acceso artificial a Colombia al Amazonas por un territorio en forma de trapecio. Este tratado no se conoció sino hasta diciembre de 1927, cuando en aquel año se sometió su aprobación al Congreso y donde los representantes de Loreto no aceptaron aquella cesión especialmente el empresario cauchero Julio C. Arana.
Por el Tratado Salomón Lozano Colombia reconoce la soberanía del Perú de todos los territorios que Ecuador le reconoció a Colombia, dejando de esta forma a Ecuador solo en su pleito de límites con el Perú. Entre los territorios que deberían formar parte de nuestro país se encontraba al que se conoce como el triángulo de Sucumbios y que al momento de hacer la demarcación de la frontera la Comisión Especial de Límites vio el impedimento que este territorio fuera parte del Perú porque lo ocupaba Ecuador. Se ha dicho que la negociación del tratado Salomón-Lozano se efectuó un canje del trapecio con una extensión de 7,272 km2 logrando Colombia acceso al río Amazonas (sumándose los 113,000 km2 del territorio comprendido entre el Caquetá y Putumayo), con el triángulo de Sucumbios de 468 km2. Esto no es real. Se canjea equivalencias y esto sirvió para hacer ver a Leguía como un pésimo negociador, cuando lo que hizo realmente solo fue regalar el trapecio amazónico y Leticia a cambio de nada. Queda por eso el testimonio del jefe de la Comisión Demarcadora de Límites por parte del Perú, el coronel Roberto López que el 6/11/1932 publicó en el diario El Comercio un artículo haciendo ver la impracticabilidad del Tratado Salomón- Lozano. Sucumbios debió quedar en poder Perú cuando se demarcó la frontera con Ecuador, pero el presidente Manuel Prado decidió que se debería respetar estrictamente la Real Cédula de 1802 y no se hizo nada por incorporar aquel pequeño territorio a nuestro país.
(*) Abogado y excongresista.

