
Hay peruanos que pueden acceder con relativa facilidad a servicios de salud, educación, internet y oportunidades laborales, mientras otros todavía deben recorrer largas distancias para encontrar aquello que en otras zonas forma parte de la vida cotidiana, una diferencia que demuestra que el lugar donde nacemos o vivimos todavía puede determinar buena parte de nuestras posibilidades.
Las brechas territoriales no son una percepción aislada, porque el propio Estado reconoce diferencias importantes en el acceso a servicios de salud, educación, transporte, saneamiento y vivienda entre departamentos, provincias y distritos, lo que evidencia que el desarrollo del país no avanza de manera uniforme.
Un ejemplo reciente se encuentra en el acceso al agua potable, ya que un informe de la Sunass señala que en 2025 cerca de 3,3 millones de personas todavía no contaban con este servicio, mientras que las diferencias entre regiones continúan siendo marcadas, especialmente en territorios que acumulan mayores rezagos.
El desafío, entonces, no consiste únicamente en llevar más recursos hacia las regiones, sino en lograr que las inversiones respondan realmente a las necesidades de cada territorio, porque no enfrenta los mismos problemas una ciudad con dificultades de transporte que una comunidad donde todavía faltan servicios básicos o conectividad.
Pienso que una de las claves está en dejar de aplicar soluciones uniformes para realidades completamente diferentes, de modo que cada región pueda definir sus principales prioridades y recibir acompañamiento técnico para convertir esas necesidades en proyectos concretos, sostenibles y correctamente ejecutados.
También necesitamos fortalecer las capacidades de los gobiernos regionales y locales, ya que cerrar brechas no depende solo de disponer de presupuesto, sino de contar con equipos capaces de planificar, ejecutar y supervisar inversiones que produzcan resultados visibles para la población.
La conectividad merece una atención especial, porque mejorar el acceso a internet puede abrir oportunidades educativas, laborales y comerciales que antes estaban limitadas por la distancia, aunque para ello no basta con ampliar la cobertura, sino que también se requiere garantizar calidad del servicio y desarrollar capacidades.
El Perú tiene regiones con enormes posibilidades para crecer y generar riqueza, desde la agricultura y el turismo hasta la minería, la industria y los servicios, por lo que reducir las brechas no debería entenderse solamente como una política social, sino como una estrategia para aprovechar mejor el potencial que existe en todo el territorio.
No podemos aspirar a un país verdaderamente integrado mientras las oportunidades sigan dependiendo tanto del lugar donde una persona nace, estudia o trabaja, así que el gran desafío consiste en lograr que las regiones avancen con mayor velocidad y que las diferencias comiencen a reducirse, porque el Perú no puede seguir moviéndose a dos velocidades.
(*) Mg. CPC. y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima
