
Desde mi experiencia en inteligencia y combate al terrorismo, observo con profunda preocupación cómo Vladimir Cerrón transforma la elección de José María Balcázar como presidente interino del Congreso (febrero de 2026) en un supuesto triunfo de “leninismo puro”. En su post de Facebook del 19 de febrero y en entrevistas virales desde la clandestinidad, el líder prófugo de Perú Libre confesó un acuerdo táctico con bancadas de centro-derecha: Alianza para el Progreso (APP) de César Acuña, Podemos Perú de José Luna Gálvez y facciones de Acción Popular. Según Cerrón, esta “cadena heterogénea”, facilitada por el voto secreto, permitió que Balcázar – integrante de la bancada de Perú Libre, aunque no militante formal del partido – ganara con 64 votos contra 46 de María del Carmen Alva, apoyada por un bloque derechista.
Cerrón describió la victoria como el resultado de una “táctica leninista”: explotar una “grieta política” entre Fuerza Popular (Keiko Fujimori) y Renovación Popular (Rafael López Aliaga), y tejer alianzas bajo el anonimato del voto secreto. Enumeró tres tácticas leninistas – el camino en zigzag (descartado), la identificación de grietas y la cadena heterogénea – y se autoproclamó estratega invencible. Este simbolismo es terrorífico: un prófugo con historial ideológico radical declara un “retorno al poder”, evocando patrones de desinformación que he analizado en grupos extremistas, donde la retórica revolucionaria encubre agendas criminales y atrae a jóvenes vulnerables.
Sin embargo, mi análisis revela un engaño deliberado. No fue genialidad ideológica ni maniobra maestra de Cerrón desde las sombras. La teoría leninista existe para explotar contradicciones y frentes tácticos, pero aquí solo sirve de disfraz para oportunismo puro. La realidad apunta a divisiones internas de la derecha amplificadas por negociaciones opacas de Ríchard Acuña y José Luna Gálvez. Perú Libre, con apenas 11 votos propios, dependió de estos “aliados temporales” – a los que Cerrón ha llamado “traidores” en otros contextos – para inclinar la balanza. Cerrón infla su ego para reclutar bases, especialmente jóvenes, presentando esto como victoria ideológica cuando su partido sobrevive de alianzas turbias, no de pureza leninista.
El voto secreto fue el instrumento perfecto para este acuerdo bajo la mesa. Congresistas de APP, Podemos, Acción Popular y disidentes derechistas actuaron por conveniencias políticas: cuotas de poder, impunidad en investigaciones, debilitar rivales o generar caos preelectoral rumbo al 12 de abril de 2026. Nadie da la cara. La derecha se acusa mutuamente de “pacto mafioso”, mientras los involucrados callan o desvían responsabilidades. Balcázar, con múltiples investigaciones por corrupción, asume en medio de esta podredumbre, y Cerrón ya dicta órdenes como si gobernara desde la clandestinidad.
Estos legisladores, en su gran mayoría una lacra corrupta y cobarde, priorizan ambiciones personales sobre la seguridad y estabilidad nacional. Hay poquísimos congresistas buenos – aquellos que aún defienden el interés del país -, pero son la excepción en un sistema que erosiona la democracia con cada pacto opaco.
A los jóvenes del Perú les digo con claridad: no caigan en el engaño de Cerrón. Esto no es revolución ni estrategia superior; es corrupción disfrazada que perpetúa un Congreso podrido. Exijan transparencia total: que cada congresista revele su voto y sus motivaciones. El cambio real no nace de falsos estrategas ni de alianzas en la oscuridad, sino de una ciudadanía informada que rechace esta lacra política de raíz. Perú merece mucho más. No más engaños.
(*) Exjefe de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI).
(*) Exjefe de la DIRCOTE.

