Opinión

El legado de Esparza Zañartu

Por: Víctor A. García Belaunde

Durante el siglo XIX las conspiraciones eran el pan de cada día con el propósito de llegar al poder, para eso se tejían telarañas de intrincadas amistades que se confundían después con las traiciones entre los caudillos. Vidal y Pezet; Prado y Pezet; Pardo, Prado y Cáceres contra Piérola y así se llega al siglo XX. El viejo orden parecía quedar atrás y llegan las transmisiones de mando democráticas a las que Basadre llamó “La República Aristocrática”.

Augusto B. Leguía rompe con el partido civil y da un golpe de estado en 1919, emplazando al partido fundado por Manuel Pardo casi hasta eliminarlo, pero quedó el rezago de los civilistas que al momento de caer Leguía alimentaron lo que se llamó el Tribunal de Sanción Nacional, órgano represor de leguiístas donde los persiguieron y apresaron por ser partidarios del régimen defenestrado. Este Tribunal tuvo como característica de impartir “justicia” con leyes que se aplicaban con retroactividad a los hechos que se sancionaban.

Después de la pésima experiencia que el país sufrió con el Tribunal de Sanción, al asumir el poder el general Manuel Odría en 1948, montó un aparato de represión y persecución política dirigido desde el ministerio de Gobierno, hoy ministerio del interior. Siendo su principal operador Alejandro Esparza Zañartu, quien desde su dirección se informaba de los movimientos políticos que se oponían al gobierno, y él era quien impartía las ordenes de eliminación y tortura contra los adversarios del régimen.

Esparza Zañartu salió de su dirección y llegó a ser ministro de gobierno convirtiéndose en la encarnación de la represión odriísta, que ante los alzamientos en Arequipa tuvo que renunciar a su cargo de ministro casi a las postrimerías del mandato del general Odría el 24/12/1955. Su fama ha quedó registrada en uno de los personajes de la novela de Mario Vargas Llosa “Conversación en la Catedral”.

Otro ministro de gobierno que tuvo mano dura contra la subversión pero que jamás tuvo conductas antidemocráticas fue Javier Alva Orlandini quien logró aplastar a la subversión que pretendió destruir nuestra república.

En el gobierno militar destacaron por su dureza el general Armando Artola Azcarate, quien es recordado por clausurar la revista Caretas; otros militares pasaron solo como simples represores como el general Richter Prada. Al llegar al poder Alberto Fujimori en 1990 trajo como su asesor a Vladimiro Montesinos Torres un ex capitán acusado de filtrar documentos a la CIA. Montesinos se convirtió en el poder en la sombra y fue tal su influencia en el régimen fujimorista que dependían de él las fuerzas armadas, el Congreso, los Ministerios y el Poder Judicial, esto se comprobó con la emisión de los vladivideos, y mientras que a Esparza nunca se le halló signos de enriquecimiento, a Montesinos sí.

Con la llegada de Alejandro Toledo al poder muchos querían ser el nuevo “Montesinos” del régimen y tuvo un pésimo imitador que cayó en desgracia en el inicio del gobierno: César Almeyda.

El legado de Esparza es negativo, porque siempre ha habido personas que se han querido constituir en un gran titiritero, ser el poder detrás del mandatario de turno, ha tenido resultados durante la presidencia de Pedro Castillo como las circenses apariciones de personajes como Bruno Pacheco, Alejandro Sánchez, Zamir Villaverde o Aníbal Torres. Con todo lo que últimamente se ha revelado la semana pasada, ahora nos preguntamos quien está detrás de Dina Boluarte, ¿un Esparza o un Montesinos?

(*) Excongresista

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