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El arca de Noé y su misión ante el diluvio

Según la Biblia, la embarcación albergó a una familia y a una pareja de cada especie para repoblar la Tierra

El arca de Noé aparece en los capítulos 6 y 9 del Génesis, en el Antiguo Testamento, así como en el Corán en la Sura 11, el cual narra su construcción realizada por Noé a petición del Dios de Israel para la salvación de todos aquellos que creyeran en las advertencias del gran diluvio universal. El relato menciona que solo Noé, su familia y distintas especies de animales fueron salvados; preservados del diluvio, luego repoblarían la Tierra con su descendencia.

Según la narración de la Biblia, en medio de un mundo corrompido por la violencia y el olvido de lo sagrado, la figura de Noé emergió como símbolo de obediencia y fe. De acuerdo con el relato bíblico, Dios le encomienda una tarea descomunal a Noé: construir un arca de madera de gofer, de tres pisos y dimensiones colosales, capaz de albergar a su familia y a una pareja de cada especie animal.

Las medidas del arca se describen claramente en el capítulo 6, versículo 15, del libro del Génesis: 300 codos de longitud (150 m de largo o eslora). 150 codos de ancho (25 m de ancho o manga) y codos de altura (15 m de alto, puntal).

La imagen del arca, flotando sobre las aguas del diluvio, ha atravesado siglos como metáfora de refugio, renovación y justicia. Mientras la lluvia cae durante cuarenta días y cuarenta noches, el mundo conocido se disuelve bajo las aguas. El arca, sin timón ni vela, navega guiada por la providencia.

La crónica del diluvio no es solo una historia de castigo, sino también de segunda oportunidad. Cuando las aguas retroceden y Noé libera una paloma, el retorno con una rama de olivo anuncia que la tierra vuelve a respirar. Dios establece entonces un pacto: el arco iris será señal de que nunca más destruirá la tierra con agua. El arca encalla en el monte Ararat, y la humanidad comienza de nuevo.

Más allá de su dimensión religiosa, el relato del arca ha inspirado generaciones. Es símbolo de resiliencia ante la catástrofe, de cuidado por la diversidad, de fe en medio de la incertidumbre. En tiempos de crisis climática y conflictos globales, la historia de Noé nos da muchas respuestas y nos enseña el camino.

El arca no fue solo un barco, sino también una promesa flotante. Una memoria de lo que se perdió y una esperanza de lo que puede renacer. Y Noé, el navegante sin mapa, sigue siendo testimonio de que, incluso en medio del diluvio, hay quienes escuchan, obedecen y salvan.

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