Opinión

Ejército del Perú: historia, doctrina y sacrificio

Por: Juan Carlos Liendo O’ Connor

Luego de celebrarse el 9 de diciembre el aniversario del Ejército del Perú, estas líneas buscan rendir homenaje a una institución que no solo ha acompañado la historia republicana del país, sino que la ha sostenido con sacrificio, disciplina y vocación de servicio.

La historia militar del Perú antecede a la República. Sus raíces se hunden en la tradición guerrera del mundo andino, particularmente en los ejércitos del Tahuantinsuyo, donde disciplina, logística y obediencia al Estado fueron pilares del poder imperial. La caída del Imperio incaico no fue solo producto de los conquistadores españoles, sino también de alianzas locales decisivas, como la huanca-hispana, que evidencian una realidad compleja: la historia del Perú nace marcada por conflictos internos y coaliciones estratégicas. A ello se sumó el carácter guerrero de los conquistadores, forjados en siglos de Reconquista, que introdujeron nuevas formas de organización y combate.

De esa fusión surgió el Ejército Real del Perú, columna vertebral del poder virreinal en Sudamérica. Con decenas de miles de soldados —mayoritariamente americanos—, fue uno de los más sólidos del Imperio español. Por ello, la independencia debe entenderse como una guerra civil dentro del mundo hispánico, donde peruanos combatieron en ambos bandos. El 9 de diciembre de 1824, en Ayacucho, nació la República y también el Ejército republicano, heredero de esa tradición militar.

Durante el siglo XIX, el joven Estado fue sacudido por conflictos internos y externos. Las guerras de la Confederación Perú-Boliviana dieron figuras como Ramón Castilla, quien derrotó a la Confederación y modernizó el Ejército y el Estado. Castilla representa al militar republicano que entiende al Ejército como instrumento de orden, progreso y soberanía.

La Guerra del Pacífico constituye el momento más dramático de nuestra historia militar. Francisco Bolognesi, en Arica, encarnó el honor al cumplir su deber “hasta quemar el último cartucho”. Tras la ocupación de Lima, Andrés Avelino Cáceres sostuvo en la sierra una resistencia que cimentó el mito fundacional del Ejército como último baluarte de la Nación y base de la reconstrucción nacional.

En la posguerra destacan militares visionarios como Juan O’Connor Guevara, pionero de la aviación militar y fundador del Cuerpo Aeronáutico, precursor de la Fuerza Aérea. Décadas después, la profesionalización doctrinaria consolidó al Ejército. Hechos dolorosos también marcaron su historia, como la masacre de oficiales en Trujillo (1932). Poco después, el Ejército aseguró la soberanía en la guerra contra Ecuador (1941). La rebelión de la marinería en 1948 y el gobierno de Odría reflejaron el contexto de la Guerra Fría. En 1965, el Ejército derrotó con eficacia a las guerrillas, consolidando una doctrina contrainsurgente propia.

En el siglo XXI, el Ejército continúa sirviendo en escenarios no convencionales. Durante la pandemia desplegó capacidades logísticas y sanitarias esenciales. Recientemente, su firme defensa de la Constitución frente al intento de golpe de Estado de Pedro Castillo reafirmó su rol como garante de la República.

Todo este recorrido se sostiene sobre una base doctrinaria sólida, perfeccionada con la influencia francesa, alemana y nacional, que dio forma al oficial integral, armado de técnica y conciencia moral. Hoy, los desafíos son distintos: seguridad en un escenario volátil, crimen organizado, desastres naturales e inestabilidad política. Frente a ellos, el Ejército sigue siendo un pilar fundamental para mantener un Perú unido, firme y digno.

Artículo publicado en la Revista Xauxa
(*) Exdirector de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI).

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