Opinión

Después de las urnas: el desafío de gobernar sin acuerdos

Por: Rafael Velásquez Soriano

Las elecciones presidenciales pueden definir quién llega al poder, pero no garantizan automáticamente estabilidad política. Después de las urnas empieza una etapa mucho más compleja, porque el nuevo gobierno debe convivir con un Congreso donde existen distintas bancadas, intereses y posiciones políticas. En ese escenario, gobernar sin acuerdos se convierte en uno de los principales riesgos para cualquier presidente. 

Según datos de la ONPE y de IDEA Internacional, el Perú mantiene uno de los niveles más altos de fragmentación partidaria en la región, debido a la presencia de numerosas agrupaciones políticas en el Parlamento. Esta situación dificulta la construcción de mayorías estables y complica la posibilidad de impulsar reformas o mantener continuidad en las políticas públicas. 

Muchas veces durante la campaña electoral todo parece centrarse en quién gana la presidencia. Sin embargo, una vez terminado el proceso, aparece la verdadera dificultad: lograr entendimientos mínimos para que el Estado pueda funcionar con estabilidad. Un gobierno sin capacidad de negociación puede enfrentar bloqueos constantes desde el inicio de su gestión. La gobernabilidad no depende únicamente del presidente, sino también de la disposición política que exista para construir acuerdos. 

Cuando el enfrentamiento se convierte en la única forma de relación entre poderes, las decisiones importantes empiezan a retrasarse y el país entra nuevamente en escenarios de incertidumbre. Creo que uno de los mayores problemas en el Perú es que muchas veces los acuerdos políticos son vistos como señales de debilidad y no como herramientas necesarias para gobernar. Sin embargo, en democracia negociar no significa renunciar a principios, sino encontrar puntos mínimos de coincidencia para avanzar en temas urgentes. 

La experiencia reciente demuestra que las tensiones entre el Ejecutivo y el Congreso terminan afectando directamente a los ciudadanos, ya que los constantes cambios de ministros, las crisis políticas y la paralización de proyectos, generan inestabilidad económica y aumentan el desgaste institucional. Además, cuando no existen consensos básicos, las políticas públicas suelen cambiar constantemente dependiendo del contexto político, lo cual impide construir reformas sostenibles en áreas fundamentales como seguridad, salud, educación o empleo. El país termina avanzando de manera desordenada y sin continuidad. En este contexto, la próxima gestión presidencial enfrentará no solo el reto de gobernar, sino también el desafío de construir estabilidad en medio de un escenario político dividido. La ciudadanía espera soluciones concretas y no nuevas disputas que prolonguen la crisis política. Después de las urnas, el país necesita mucho más que discursos de victoria. Necesita responsabilidad, capacidad de diálogo y acuerdos mínimos que permitan gobernar pensando en el futuro. Porque cuando la política pierde la capacidad de entenderse, quienes terminan pagando las consecuencias son todos los peruanos. 

(*) Abogado y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima

* La Dirección periodística no se responsabiliza por los artículos firmados

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