
Es costumbre frecuente, y no solo en el Perú sino en el mundo entero, que los municipios, para honrar a los héroes tanto nacionales como locales, erijan monumentos con la figura de aquellos o con sus bustos, a lo que se agregan placas alusivas a su heroísmo.
También las Fuerzas Armadas, las Policiales, así como los cuerpos de bomberos, hacen lo propio para preservar la memoria de sus héroes y periódicamente realizan ceremonias recordatorias de sus acciones.
Sin embargo, ello no basta y, por mínimo respeto al recuerdo de los homenajeados, se debe realizar la limpieza de dichos monumentos y el mantenimiento de los mismos, incluyendo las placas alusivas a su vida y a las acciones que se pretende resaltar.
Sea por desidia, olvido, falta de recursos suficientes u otras motivaciones, no se hace la debida limpieza y mantenimiento de innumerables monumentos y bustos en calles y plazas públicas, como tampoco se mantienen en óptimo estado las placas con leyendas referidas al personaje al que se le rinde pleitesía.
Muchas veces las placas en cuestión son sustraídas por irrespetuosos delincuentes y queda el monumento sin ninguna leyenda. Lo que es peor, la autoridad municipal llamada a cubrir la tarea del mantenimiento brilla por su ausencia y pueden pasar años sin que se sustituyan las placas recordatorias.
Se dice a veces que para muestra basta un botón, y en el caso que vamos a comentar es mucho más que ello, pues el monumento a Roque Sáenz Peña, en la berma central entre las cuadras 5 y 6 de la Avenida Javier Prado Oeste del distrito capitalino de San Isidro, en Lima, luce descuidado y sucio, y las placas de mármol que daban cuenta de su heroísmo están rotas, además de descuidadas.
Realmente es criticable la situación que relatamos, pues la limpieza de monumentos se puede hacer con el agua de las cisternas con las cuales se riegan los jardines de la ciudad, máxime teniendo en cuenta que es obligación de las autoridades municipales encargarse del ornato.
Roque Sáenz Peña, siendo de nacionalidad argentina, puso su espada al servicio del Perú en la infausta guerra con Chile y luchó junto a don Francisco Bolognesi en Arica, habiendo sobrevivido a la acción de armas con heridas de guerra, salvando milagrosamente su vida.
Posteriormente, fue elegido presidente de su nación y estuvo presente en la inauguración del monumento al coronel don Francisco Bolognesi, vistiendo el uniforme de general del Ejército Peruano. Nos cuenta la Historia que, al ver la imagen de quien fuera su jefe militar en Arica, embargado por la emoción y el recuerdo, no pudo pronunciar el discurso de orden y solo atinó a decir: “Presente, mi coronel”.
Tenemos, por civismo y deber patriótico, que rendir culto a nuestros héroes, al igual que a los que junto a ellos defendieron con heroísmo nuestras causas, para lo cual, por lo menos, hay que tener debidamente cuidados los monumentos que nos llaman a reflexión.
(*) Expresidente del Consejo de Ministros
