Heridas que deja la minería tienen cura
La empresa estatal Activos Mineros impulsa la recuperación de zonas históricamente afectadas por desmonte, bocaminas abandonadas y relaves

- MINERÍA MODERNA CON ESTÁNDARES AMBIENTALES. “Demostrar que es posible recuperar estos espacios ayuda a cerrar brechas y a generar confianza”, expresa Dante Aguilar. Agrega que incluso los terrenos recuperados se pueden utilizar para otros proyectos.
POR: DIEGO PECHO
Durante años, enormes huellas de la minería antigua permanecieron a la vista sin que nadie se hiciera cargo. Montículos de desmonte, bocaminas abandonadas y relaves expuestos formaron parte del paisaje en distintas regiones del país. Hoy, esa herencia ambiental empieza a revertirse. Detrás de ese proceso se encuentra Activos Mineros, empresa estatal que cumple dos décadas enfrentando uno de los mayores retos históricos del sector.
Dante Aguilar, gerente general de la compañía, explica que la institución nació en el marco de la privatización minera. En ese momento, el Estado decidió separar los activos productivos de los pasivos ambientales acumulados durante décadas. “No era viable transferir todo junto. Los activos pasaron a operadores privados y el Estado asumió la responsabilidad de remediar los impactos que habían quedado”, señala.
Un pasivo ambiental minero comprende cualquier componente abandonado que represente riesgo para la salud o el entorno. Puede tratarse de desmontes, tajos abiertos, depósitos de relaves, infraestructura deteriorada o suelos contaminados. El Ministerio de Energía y Minas ha identificado alrededor de seis mil componentes en todo el país. Sin embargo, Aguilar precisa que no se trata de seis mil minas distintas. “Una sola unidad minera antigua puede tener cientos de componentes registrados”, aclara.
Muchos de estos pasivos datan de hace 50 o incluso 100 años, cuando la regulación ambiental era inexistente. En varios casos ya no es posible identificar responsables, sea porque las empresas desaparecieron o porque en esa época no existían obligaciones de cierre ni garantías financieras. El escenario actual es diferente. La minería moderna opera con estrictos estándares ambientales, planes de cierre obligatorios y mecanismos financieros que aseguran la rehabilitación progresiva de cada operación.
Uno de los proyectos más emblemáticos ejecutados por Activos Mineros es la remediación de la desmontera Excélsior, en Cerro de Pasco. Durante más de medio siglo se acumuló allí material proveniente de la actividad extractiva, formando un enorme depósito de aproximadamente 55 millones de toneladas en un área cercana a las 70 hectáreas. Lo más crítico era su ubicación.
El material generaba partículas que podían contener metales pesados y dispersarse con el viento, afectando a la población. La intervención tomó cerca de siete años entre estudios, diseño técnico, ejecución y retrasos ocasionados por la pandemia y la crisis logística internacional. Aguilar subraya que no se trató solo de cubrir el desmonte. “Se desarrolló una solución integral que incluyó estabilización, encapsulamiento y controles permanentes”, explica.
Los resultados han sido medidos. En coordinación con la Universidad Cayetano Heredia se realizó un estudio para evaluar el impacto social y ambiental del proyecto. Según los datos obtenidos, por cada sol invertido se genera un retorno estimado de seis soles en beneficios ambientales y sociales. Esto incluye reducción de riesgos en salud, disminución de material particulado, captura de carbono y mejora del entorno urbano.
Actualmente Activos Mineros interviene en once regiones del país y maneja una cartera cercana a 65 proyectos, muchos ubicados por encima de los cuatro mil metros de altitud. La priorización la realiza el Ministerio de Energía y Minas, que identifica los pasivos más riesgosos y encarga su ejecución.
Aguilar también destaca el papel estratégico de estas intervenciones para el futuro del sector. La existencia de pasivos históricos suele ser utilizada como argumento para cuestionar nuevas inversiones. “Demostrar que es posible recuperar estos espacios ayuda a cerrar brechas y a generar confianza”, afirma.
Aún quedan alrededor de dos mil pasivos priorizados por atender. El desafío es grande, pero los avances muestran que la recuperación ambiental no es solo un discurso. En algunos casos incluso se evalúa dar nuevos usos a las áreas remediadas, como proyectos de energía solar.
TERRENOS RECUPERADOS QUE PUEDEN GENERAR NUEVAS INVERSIONES
Convertir un antiguo pasivo ambiental en una oportunidad productiva es el siguiente paso. “La recuperación no termina con la remediación”, afirma Dante Aguilar. El gerente general de Activos Mineros sostiene que algunas áreas intervenidas podrían destinarse a proyectos como generación fotovoltaica.
“Estamos evaluando alternativas que permitan darles un nuevo uso sostenible”, explica. El objetivo es que estos espacios impulsen empleo, inversión privada y desarrollo local en beneficio directo de las comunidades.

