Opinión

Chifagate: ¿Y ahora qué viene?

Por: Humberto Abanto Verástegui

No sólo hay que ser, sino también parecer, dice la sabiduría popular. Obviamente, la frase no se aplica en el derecho penal, porque en ese espacio reina -o debería reinar- la presunción de inocencia. Pero, en política, las cosas son radicalmente diferentes. Allí rige la presunción de culpabilidad, porque la desconfianza frente al poder es un ingrediente esencial de las sociedades democráticas.

Eso lo saben muy bien quienes pretenden echar a José Jerí Oré del Palacio de Gobierno y él mismo no debió ignorarlo. Volviendo a que no sólo hay que ser, sino también parecer, el encargado de las funciones presidenciales jamás debió olvidar que, por usar sus palabras, no se puede hacer cosas “buenas” que parezcan “malas”. Lamentablemente, eso fue lo que hizo. 

Su descuido dio pie a que, una vez más, se unieran ciertas bancadas en el Congreso para echarlo de Palacio de Gobierno. No porque haya prueba de que cometió un delito (hasta el momento no las hay), sino porque vieron la oportunidad de colocar a uno de sus socios ideológicos en el poder (¿recuerdan a Francisco Sagasti?), para lograr objetivos que usualmente no son los mismos que perseguimos millones de peruanos. Uno de ellos: acabar de una vez y para siempre con este desbarajuste político. 

El gravísimo error de José Jerí Oré pudo acabar con él fuera de la Casa de Pizarro, a menos de tres meses de la primera vuelta electoral. Así, es responsable de crear innecesariamente una seria crisis política. Lo que hace más curioso aún haber visto sus acusadores tan confundidos, desorientados y desordenados. Ninguno dio pie en bola y me atrevo a decir que ganó por W.O. la arriesgada apuesta que hizo al presentarse ante la Comisión de Fiscalización del Congreso. 

La primera temporada de la serie Chifagate cerró, así, con el protagonista saliendo triunfante del Palacio Legislativo. Pero, José Jerí Oré y su equipo, lejos de congratularse por el resultado, deberían valorar el costo que han pagado. Si miran cuidadosamente alrededor, verán que están rodeados por los escombros de su popularidad y a lo Pirro podrían decir: una victoria más de estas y estaremos perdidos. 

Beto Ortiz no ha tardado en anunciar con bombos y platillos que viene la segunda temporada de la serie, con nuevos personajes, nuevas intrigas y 16 videos más, lo que hace más difícil creer que la precaria estabilidad política del país llegue hasta 28 de julio próximo. 

Todo indica que las asechanzas y los peligros que rondan al protagonista de la serie Chifagate no se han disuelto con su paseo por la Comisión de Fiscalización ni su público ofrecimiento de disculpas (a propósito, alguien debería explicarle que las disculpas las ofrece el ofensor y las pide el ofendido). El tráiler de los nuevos capítulos anuncia más imágenes suyas, peligrosos antagonistas y serian incógnitas por despejar, todo ello en medio de la caldera del diablo en que se han convertido nuestros procesos electorales. 

Esta historia continuará. Ojos bien abiertos.

(*) Abogado penalista

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