
El problema no es solo la Costra del 5.º Nivel, esa burocracia parasitaria que maltrata sin piedad a la sufrida e indefensa población peruana. Ese cardumen de gente corrupta, indolente e incompetente que se ha enquistado en muchos espacios del aparato gubernamental.
El Estado padece también de otros parásitos, cada cual más dañino que el otro. El célebre Club de los Constructores es uno de ellos. La pandilla de empresarios de cuello y corbata, más sus miles de réplicas en todas las regiones y distritos del país, a los que últimamente se sumaron empresarios chinos recontra corruptos. (El presidente Jerí puede dar fe de ello).
Efectivamente, Ica tiene su Club de Constructores. Piura también. Y Arequipa, Junín, Cusco, todas las regiones, todas las provincias, todos los distritos también tienen sus Clubes de Constructores.
No obstante, hay otros clubes de la corrupción. El Club de los Consultores, por ejemplo. La cosa es así: la Costra del 5.º Nivel no mueve un dedo sin un informe elaborado por un consultor externo. Informe legal. Informe técnico. Informe económico-financiero. Estudio de mercado. Perfil y Expediente Técnico.
Estudio de Impacto Ambiental. Estudio de Restos Arqueológicos (¡ay de aquella carretera que se tope con un hueso de cuy en su camino!). El Estado gasta una millonada en informes elaborados por consultores externos coimeros. Informes que no sirven para nada y que, para colmo, son puro COPIAR-PEGAR.
Después está el Club de los Tramitadores. Los tramitadores de brevetes son los más conocidos. Vladimir Cerrón y Javier Gallegos (exgobernadores regionales de Junín e Ica, respectivamente) también pueden dar fe de ello. Pero hay más. Para cada tipo de licencia hay mil tramitadores. Operan con total impunidad, a vista y paciencia de todo el mundo.
Incluso hay tramitadores que se dedican a conseguir financiamiento para proyectos de inversión pública. En esas mafias están metidos los tramitadores propiamente dichos, autoridades regionales y municipales, funcionarios de ministerios y hasta renombrados congresistas.
Pasemos ahora al Club de los Proveedores. Aquellos que estafan al Estado a través de la venta de todo tipo de bienes y servicios. Expertos en sobrevaloraciones, adulteraciones, falsificaciones y todo lo demás. Venden medicamentos vencidos, computadoras sin memoria, maquinarias “nuevas” con piezas usadas o simplemente cajas vacías. Todo arreglado bajo la mesa con funcionarios corruptos enquistados en el Estado.
Y termino con el Club de los parlamentarios. Aquel club de congresistas que promulgan leyes con nombres propios. Aquellos que les sacan el jugo a sus inmunidades parlamentarias y que, a la hora de la hora, se blindan entre sí descaradamente. Ahí están el Club de los mocha sueldos, el Club de los come pollos, el Club de los Niños, el Club de los congresistas (dueños) de Universidades truchas. ¡Cuánta marmaja habrá corrido bajo la mesa en beneficio de esos malos congresistas!
Parafraseando a Ortega y Gasset se podría decir: los peruanos somos nosotros y nuestra circunstancia. Y si no la salvamos a ella, no nos salvaremos nosotros. Ergo, si no salvamos a nuestro país de la corrupción, no nos salvaremos nosotros.
Confrontar a la corrupción con alma, corazón y vida. Eso es lo que hicimos en el Gobierno Regional de Ica, en el período 2015-2018, para salvarnos a nosotros mismos. Y lo logramos.
Eso es lo que tenemos que hacer, en todo el país, todos los peruanos de bien, para salvarnos a nosotros mismos. No queda otra.
(*) Exgobernador regional de Ica.
