Bill Gates advierte que la IA podría causar 1,000 millones de muertos
Cofundador de Microsoft señala que las autoridades deben definir medidas de control

NUEVA YORK. El cofundador de Microsoft, Bill Gates, advirtió sobre los riesgos que podría representar el uso de la Inteligencia Artificial (IA) por personas con malas intenciones, lo que significaría la muerte de 1,000 millones de seres humanos. En una entrevista con NBC, el magnate y filántropo planteó que la industria no debería quedar únicamente a cargo de su propia regulación.
Gates sostuvo que la participación de las autoridades resulta necesaria para definir medidas de control. “Es necesario que las fuerzas del orden y los políticos participen en este debate sobre cómo deben ser las medidas de seguridad y la vigilancia”, afirmó, descartando que la autorregulación sea suficiente.
También señaló que establecer normas no necesariamente implicaría frenar de manera significativa el desarrollo tecnológico. Según explicó, regular la inteligencia artificial “supondrá un pequeño coste adicional para el sector, pero no una ralentización drástica de lo que están haciendo”.
En tal sentido, Gates planteó uno de los escenarios más extremos asociados al uso de esta tecnología. “Nunca ha existido un arma tan poderosa como la combinación de personas con malas intenciones que utilizan las últimas herramientas de IA”, señaló. Además, advirtió que una inteligencia artificial en manos equivocadas sería “sin duda lo suficientemente poderosa como para provocar acontecimientos que causarían mil millones de muertes”.
Cabe indicar que las declaraciones de Gates se producen mientras continúa la discusión internacional sobre el ritmo de desarrollo de la IA. A principios de mes, los líderes de Anthropic, Dario Amodei; OpenAI, Sam Altman, y xAI, Elon Musk coincidieron en pedir una ralentización del desarrollo para reforzar su seguridad, una postura que enfrenta la oposición de la Casa Blanca.
El presidente de EE.UU., Donald Trump, defendió mantener el ritmo de desarrollo tecnológico y sostiene que una regulación podría poner en riesgo la posición estadounidense frente a China.
