Opinión

Basura en las calles ¿dónde está el alcalde?

Por: Rafael Velásquez Soriano

Las calles llenas de basura, los contenedores desbordados y los malos olores en los espacios públicos reflejan un problema que afecta la salud y la calidad de vida de los vecinos. La limpieza pública es una de las responsabilidades más visibles de una municipalidad, por lo que un servicio deficiente termina convirtiéndose en una señal de abandono que la ciudadanía no debería normalizar.

Según el Ministerio del Ambiente (MINAM), en el Perú se generaron casi 9 millones de residuos sólidos municipales durante el 2024 y apenas el 2,8 % de estos residuos fue valorizado, lo que evidencia la necesidad de fortalecer el reciclaje y mejorar la gestión de los residuos sólidos y/o desechos.

El problema no se limita a recoger las bolsas de basura y trasladarlas a otro lugar, sino que exige planificación, personal con uniformes y medidas de seguridad, vehículos adecuados, rutas de recolección eficientes y una disposición final que evite la contaminación. A ello se suma la responsabilidad de los ciudadanos, quienes deben respetar los horarios de recojo y evitar arrojar desperdicios en las calles, sin que esto signifique restar responsabilidad a las municipalidades.

En muchos distritos, la acumulación de residuos también revela deficiencias en la organización del servicio, la supervisión de las empresas contratadas y la educación ambiental. No basta con intervenir cuando las calles ya están llenas de desperdicios; las autoridades deben anticiparse al problema, identificar los puntos críticos y establecer medidas para evitar que se repita.

La prevención y la fiscalización son tan importantes como el recojo diario que deben ejecutarse en forma paralela.

Las autoridades deben garantizar una limpieza pública oportuna, fiscalizar el cumplimiento de los contratos y transparentar el presupuesto destinado a este servicio. Los candidatos municipales, por su parte, deben presentar propuestas concretas para mejorar la recolección, impulsar programas de reciclaje y promover una cultura ambiental que involucre a vecinos y comerciantes, con metas que puedan verificarse durante su gestión.

También es necesario que los municipios promuevan la segregación de residuos sólidos desde los hogares, los negocios, los hospitales que fortalezcan los programas de reciclaje y coordinen con las organizaciones de recicladores formalizados. Estas medidas deben acompañarse de campañas de sensibilización y sanciones para quienes arrojen basura en lugares prohibidos.

Una ciudad limpia no depende únicamente de la buena voluntad de sus habitantes, sino también de autoridades capaces de organizar los servicios públicos, supervisar su cumplimiento y responder ante las deficiencias. Los vecinos merecen calles limpias, espacios saludables y una gestión que atienda sus necesidades cotidianas, para que cuando se acumule basura en las calles, no surja la pregunta ¿dónde está el alcalde?

(*) Mg. CPC y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima

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