Opinión

“Inter arma silent leges”

Por: Juan Carlos Liendo O’Connor

La captura de Maduro por EE.UU. no es un acto aislado ni simple, ni un tema de “soberanía versus tiranía”; constituye un hecho estructural y concreto de un proceso político de alcance global: una Gran Potencia ejecuta una operación militar en territorio de un Estado periférico para detener a su jefe de gobierno y trasladarlo a su país bajo cargos de narcotráfico en el contexto del final de un Orden Internacional.

Desde el realismo clásico, el evento no es moral, sino político: Si la regla central del sistema es la supervivencia, entonces los principios —derecho, inmunidades, fronteras— se diluyen cuando chocan con intereses vitales; estamos entoces en un escenario de Guerra.

Lo sucedido en Caracas encaja claramente con la doctrina del  empleo del poder nacional: información, diplomacia, economía y, al final, el empleo de la fuerza militar. Generación de una potente narrativa, bloqueos y sanciones económicas, meses de negociación, actos de influencia política, propuestas de acuerdos, etc; y por último, detallado planeamiento del Pentágono y la CIA, despliegue armado, operaciones militares de disuasión, de configuración y finalmente: empleo de fuerzas especiales con despliegue aéreo masivo. Efectos inmediatos: a nivel global se acelera la erosión de las normas y crece la lógica de la guerra híbrida; EE.UU. gana coerción y disuasión, pero asume costos legales, diplomáticos, riesgos de escalada y polarización interna; y en Latinoamérica: polarización, presión migratoria, crimen transnacional y mayor militarización de la política.

En la lógica de guerra híbrida global lo que sucede en Ucrania, Gaza o el Indo-Pacífico (incluye la India y Taiwan) comparten un patrón: enfrentamientos por control geográfico, acceso a recursos, rutas comerciales y legitimidad mediante construcción de alianzas; mientras Venezuela, aliada de poitencias extra continentales, presenta una geografía y economía política como campo de batalla proxy: energía, corredores ilícitos de narcotráfico y oro, rutas de contrabando y migración ilegal, y redes criminales transnacionales con capacidad de desestabilización política continental que, como patrón, en su conjunto amenazan a los EE.UU. a nivel “supervivencia”.

Sobre Venezuela, no se trata ni de libertad, ni de democracia, sino de su reconfiguración política; en términos realistas, el Estado no desaparece: muta, resiste, negocia o se fragmenta. Para Latinoamérica y para el Perú la realidad es una: no es un tema de un mundo sin normas o leyes (al extremo), es un mundo donde la norma o la ley cede ante la coerción cuando el costo de obedecerla se vuelve inaceptable para el actor dominante mientras los medianos y pequeños pagan la factura más costosa. “Cuando las armas hablan, las leyes callan” (“Inter arma silent leges”), exclamaba Marco Tulio Cicerón en el Senado Romano cerca del año 40 a. C

(*) Exdirector Nacional de Inteligencia (DINI).

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